Hotarubi
Poeta recién llegado
Como un hematodixio en ruina
anhelando el implante de un corazón joven,
me embriago del infierno embotellado
que desabriga la ternura,
donde entre encajes y rosas se exhibe
la sonrisa del vampiro.
Cierra los ojos, dime,
¿Donde comienza y terminan las sombras?
Se aparean en sus pupilas
un enjambre de moscas
oxitocina y Belcebú.
¿Donde empieza y acaba el deseo?
En la ductilidad de unos dedos cercenados
que sangran al intentar arreglar un cristal roto,
o en el pecado de Sycorax.
En mi boca entreabierta, esperándote,
o en la escualidez de una promesa incumplida.
No abras los ojos, sigue,
allí, en la negrura que une la distancia,
el tiempo y los cuerpos
acechan criaturas con colmillos,
pero entre sus fauces se escapa
la luz de la luciérnaga.
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