Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
La señora de las silveras ha venido hasta aquí
llegando con el aire rápido del pájaro metálico,
colibrí de rojo y azul.
Ha llegado hasta las zonas de la maleza con ayuda
para levantar a la Claridad del suelo amargo
que brota ríos de llanto atrapada en las cadenas.
Y trajo la cruz del Cristo rojo en sus hombros
envuelto en sábanas blancas parecidas a la salvación
para encontrarse conmigo en la soledad.
Levantó mi cabeza casi moribunda
y mi cuerpo casi muerto solo para adminístrame atenciones
de agua casi salada y casi dulce
e inyectarme un algo de gracias que hizo mi boca recuperar la humedad
y a mi ser,
un minuto de tranquilidad antes de cerrar mis ojos
a otro universo del que me hizo regresar.
La señora de las silveras me dio amor en las palabras que nunca oí
pero sé que me quiso un poquito porque
lloró por mí al maldecir mis ataduras
y aun así, el pecho al corazón tocó
con energía embotellada en sus manos.
La señora de las silveras se ha ido.
No sé si estuve despierta en la imaginación
o imaginé estar despierta. Pero le vi irse en su colibrí
con tanto aire en su vuelo
mientras noté en su abdomen la cruz en fondo blanco
que había sanado mis heridas
sin fin.
llegando con el aire rápido del pájaro metálico,
colibrí de rojo y azul.
Ha llegado hasta las zonas de la maleza con ayuda
para levantar a la Claridad del suelo amargo
que brota ríos de llanto atrapada en las cadenas.
Y trajo la cruz del Cristo rojo en sus hombros
envuelto en sábanas blancas parecidas a la salvación
para encontrarse conmigo en la soledad.
Levantó mi cabeza casi moribunda
y mi cuerpo casi muerto solo para adminístrame atenciones
de agua casi salada y casi dulce
e inyectarme un algo de gracias que hizo mi boca recuperar la humedad
y a mi ser,
un minuto de tranquilidad antes de cerrar mis ojos
a otro universo del que me hizo regresar.
La señora de las silveras me dio amor en las palabras que nunca oí
pero sé que me quiso un poquito porque
lloró por mí al maldecir mis ataduras
y aun así, el pecho al corazón tocó
con energía embotellada en sus manos.
La señora de las silveras se ha ido.
No sé si estuve despierta en la imaginación
o imaginé estar despierta. Pero le vi irse en su colibrí
con tanto aire en su vuelo
mientras noté en su abdomen la cruz en fondo blanco
que había sanado mis heridas
sin fin.