Luis Makianich
Poeta recién llegado
"La Rosa Cautiva" Pintura Digital de Luis Makianich, 2010
Los ojos de Rolando recorren aleatoriamente las portadas en el escaparate de una tienda de libros usados. Su reflejo en la vitrina le devuelve una expresión temerosa, como si supiera que encontraría algún ejemplar que le dañase el alma. Junta un poco de coraje y se interna en el local a paso esquivo y con la mirada huidiza, pasando su mano por los lomos como si quisiera palpar el borde de los títulos en alfabeto Braille; escoge un volumen al azar y lo extrae del estante con la seguridad que le confiere su intuición, hasta abrirlo en la primera página, casi sin hojear el nombre en la tapa. Unas pocas palabras escritas con lapicera, a modo de dedicatoria enmarcan una rosa seca que alguien olvidó por años, provocando que la tinta se oxidase, haciéndola casi imperceptible al bajo contraste con el amarillento papel; sin embargo, a los ojos de Rolando, el color de la rosa pasa abruptamente del ocre al rojo, impulsándolo a voltear la página y sumergirse en el texto que le de la luz necesaria para enterarse del ardiente romance que envolviera esa furtiva dedicatoria. Avanza unas pocas hojas adelante hasta descubrir que hay algo discordante con lo que su imaginación le adelantara, y decide volver al principio, cuando descubre que el color de la rosa ha tomado un tono más pálido, hasta que el blanco le inunda el iris de tristeza, y acude a las últimas páginas como intentando descubrir de un vistazo un indicio que le dé un poco de tranquilidad, pero no lo logra; él sabe que en ese párrafo manuscrito está la clave de tal atrapante historia y retorna a él para descifrarla. Ahora el color amarillo del óxido en la tinta le confirma que una historia de celos ha puesto fin al atormentado amor que se encuentra cautivo entre dos hojas de un libro; en la perpetuidad que le confiere estar encarcelado en un ejemplar olvidado.
Sumamente angustiado, Rolando deja caer el volumen sobre una pila de libros que parecen burlarse de él, no solo por haberse conmovido con tal trágico romance, sino por no haber aprendido nunca a leer.