Al otro lado del lago hay un jardín
como de los pinceles de un maestro
que juega el principio del soberano y ciudad
donde hace falta que aparezca la simetría.
Allí los relieves se convierten en miradores,
los declives en una farándula de cuevas,
las extensiones miniaturizadas de misterios,
los bosques de las arboledas a las garzas esposadas.
En ese parque emerge un largo camino
tortuoso que respira a la naturaleza
la revuelta que sólo los inciados, los lobos
y el divino toman prestado el paso más casual.
Asi a merced de infinitos errantes poéticos
donde domina la antigua y fragante rosa,
puentes de piedra y paisajes góticos
llegan al recodo de la planta agonizante.
Sin embargo, donde seguramente permanece la flor
más magnífica y fabulosa se concentra en esta piedra
que llora lágrimas de sangre negra como miedo.
Esa es la tumba del distinguido reprobado,
el martirio del perjuro a quien se le borró
la identidad para no ser perseguido por los vivos o,
peor aún, por un clérigo ensalzado.
como de los pinceles de un maestro
que juega el principio del soberano y ciudad
donde hace falta que aparezca la simetría.
Allí los relieves se convierten en miradores,
los declives en una farándula de cuevas,
las extensiones miniaturizadas de misterios,
los bosques de las arboledas a las garzas esposadas.
En ese parque emerge un largo camino
tortuoso que respira a la naturaleza
la revuelta que sólo los inciados, los lobos
y el divino toman prestado el paso más casual.
Asi a merced de infinitos errantes poéticos
donde domina la antigua y fragante rosa,
puentes de piedra y paisajes góticos
llegan al recodo de la planta agonizante.
Sin embargo, donde seguramente permanece la flor
más magnífica y fabulosa se concentra en esta piedra
que llora lágrimas de sangre negra como miedo.
Esa es la tumba del distinguido reprobado,
el martirio del perjuro a quien se le borró
la identidad para no ser perseguido por los vivos o,
peor aún, por un clérigo ensalzado.