F. Noctívago
Poeta recién llegado
La luna plena, se vierte contenta.
Se deja mecer por mares tintados.
Las olas paren penachos rizados,
lirios de sal, que la Eterna sustenta.
No pido albores, ni ánima que ostenta;
río en silencio entre soles cansados.
Mi brillo es fulgor de astros ignorados,
que el tiempo borra y la sombra reinventa.
La pianola del mar frunce el pellejo;
en cada arruga, una pena, destino,
y en su cántico aflora mi reflejo.
No soy poeta, ni genio, ni adivino;
apenas guardo, con pulso muy viejo,
un verso simple, que alumbra el camino.