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la perla

miara

Poeta asiduo al portal
Sirenita de la trenza oscura
de ojos verdes como selva esmeralda,
en el fondo del mar solloza
porque ha perdido su perla nacarada.

- "¿Qué te pasa, niña apenada?
¿Qué dolor nubla tu mirada?
¿Por qué llenas más el mar
con tus lágrimas desesperadas?"

La pequeña miró al pez anémona
y a través de su mirada nublada,
le contó que la perla perdida
era la única cosa
que de su madre conservara.

-"Ella murió cuando era muy pequeña.
No recuerdo su rostro, su cara;
pero ella llevó sobre su pecho,
engarzada en cadena de plata,
una perla de esplendor sin igual,
un tesoro simpar en la tierra,
que mi padre me entregó
para que al mirarla
me acordara con cariño de ella.

Ahora la he perdido
y es como si con ella,
mi madre de mí se alejara.
Debo encontrarla,
pues su calor, su tacto,
es como el de sus manos
cuando de bebé me mecía,
sentada con su cola extendida
y por la ballena beluga acompañada".

-"¡ Vamos a buscarla pues!.
¡Llamaremos a las estrellas de mar,
a las medusas, los hipocampos,
a mis hermanos que no están lejos,
a cualquier pez que haya en el mar
que en esta búsqueda quiera colaborar!".

La sirenita sonrió con timidez
y con su mano pequeña y blanca,
se limpió sus lágrimas
siguiendo al pez
que a aquéllos con quienes se topaba,
daba órdenes de que con ahínco buscaran,
sin olvidar un rincón, un hueco,
trabajando todos como un equipo
tras de la alhaja extraviada.

La sepia se paró en seco.
Vislumbró un zapato abandonado;
este era viejo, antiguo, estropeado,
pero que brillaba con un fulgor extraño.
Lo agarró y dentro vio la joya anhelada.
Dio un silbido, fuerte, bronco,
y los demás se pararon al momento.

-"¡Aquí está!. ¡Yo lo he encontrado!.
¡Hoy he sido el afortunado!".

La sirenita saltó de gozo.
Cabriolas como una peonza,
como un ángel extasiado
efectuó alrededor de los peces
que en la busca participaron,
agradeciendo su ayuda,
besando al pez anémona
y a la sepia que el botín
había hallado.

-"¡Gracias a todos os doy!.
La perla a mi cuello ha regresado
y es como si mi madre a mí volviera,
como si su mirada sintiera
al ver vuelta mi alegría,
al ver que estamos, de algún modo,
de nuevo unidas,
acariciando este lazo del pasado
que reverbera en mi presente
con toda su dulce fuerza para mi deleite".
 
Sirenita de la trenza oscura
de ojos verdes como selva esmeralda,
en el fondo del mar solloza
porque ha perdido su perla nacarada.

- "¿Qué te pasa, niña apenada?
¿Qué dolor nubla tu mirada?
¿Por qué llenas más el mar
con tus lágrimas desesperadas?"

La pequeña miró al pez anémona
y a través de su mirada nublada,
le contó que la perla perdida
era la única cosa
que de su madre conservara.

-"Ella murió cuando era muy pequeña.
No recuerdo su rostro, su cara;
pero ella llevó sobre su pecho,
engarzada en cadena de plata,
una perla de esplendor sin igual,
un tesoro simpar en la tierra,
que mi padre me entregó
para que al mirarla
me acordara con cariño de ella.

Ahora la he perdido
y es como si con ella,
mi madre de mí se alejara.
Debo encontrarla,
pues su calor, su tacto,
es como el de sus manos
cuando de bebé me mecía,
sentada con su cola extendida
y por la ballena beluga acompañada".

-"¡ Vamos a buscarla pues!.
¡Llamaremos a las estrellas de mar,
a las medusas, los hipocampos,
a mis hermanos que no están lejos,
a cualquier pez que haya en el mar
que en esta búsqueda quiera colaborar!".

La sirenita sonrió con timidez
y con su mano pequeña y blanca,
se limpió sus lágrimas
siguiendo al pez
que a aquéllos con quienes se topaba,
daba órdenes de que con ahínco buscaran,
sin olvidar un rincón, un hueco,
trabajando todos como un equipo
tras de la alhaja extraviada.

La sepia se paró en seco.
Vislumbró un zapato abandonado;
este era viejo, antiguo, estropeado,
pero que brillaba con un fulgor extraño.
Lo agarró y dentro vio la joya anhelada.
Dio un silbido, fuerte, bronco,
y los demás se pararon al momento.

-"¡Aquí está!. ¡Yo lo he encontrado!.
¡Hoy he sido el afortunado!".

La sirenita saltó de gozo.
Cabriolas como una peonza,
como un ángel extasiado
efectuó alrededor de los peces
que en la busca participaron,
agradeciendo su ayuda,
besando al pez anémona
y a la sepia que el botín
había hallado.

-"¡Gracias a todos os doy!.
La perla a mi cuello ha regresado
y es como si mi madre a mí volviera,
como si su mirada sintiera
al ver vuelta mi alegría,
al ver que estamos, de algún modo,
de nuevo unidas,
acariciando este lazo del pasado
que reverbera en mi presente
con toda su dulce fuerza para mi deleite".
Unas hermosas letras me pones en mi paso
Gracias
un saludo
 
Sirenita de la trenza oscura
de ojos verdes como selva esmeralda,
en el fondo del mar solloza
porque ha perdido su perla nacarada.

- "¿Qué te pasa, niña apenada?
¿Qué dolor nubla tu mirada?
¿Por qué llenas más el mar
con tus lágrimas desesperadas?"

La pequeña miró al pez anémona
y a través de su mirada nublada,
le contó que la perla perdida
era la única cosa
que de su madre conservara.

-"Ella murió cuando era muy pequeña.
No recuerdo su rostro, su cara;
pero ella llevó sobre su pecho,
engarzada en cadena de plata,
una perla de esplendor sin igual,
un tesoro simpar en la tierra,
que mi padre me entregó
para que al mirarla
me acordara con cariño de ella.

Ahora la he perdido
y es como si con ella,
mi madre de mí se alejara.
Debo encontrarla,
pues su calor, su tacto,
es como el de sus manos
cuando de bebé me mecía,
sentada con su cola extendida
y por la ballena beluga acompañada".

-"¡ Vamos a buscarla pues!.
¡Llamaremos a las estrellas de mar,
a las medusas, los hipocampos,
a mis hermanos que no están lejos,
a cualquier pez que haya en el mar
que en esta búsqueda quiera colaborar!".

La sirenita sonrió con timidez
y con su mano pequeña y blanca,
se limpió sus lágrimas
siguiendo al pez
que a aquéllos con quienes se topaba,
daba órdenes de que con ahínco buscaran,
sin olvidar un rincón, un hueco,
trabajando todos como un equipo
tras de la alhaja extraviada.

La sepia se paró en seco.
Vislumbró un zapato abandonado;
este era viejo, antiguo, estropeado,
pero que brillaba con un fulgor extraño.
Lo agarró y dentro vio la joya anhelada.
Dio un silbido, fuerte, bronco,
y los demás se pararon al momento.

-"¡Aquí está!. ¡Yo lo he encontrado!.
¡Hoy he sido el afortunado!".

La sirenita saltó de gozo.
Cabriolas como una peonza,
como un ángel extasiado
efectuó alrededor de los peces
que en la busca participaron,
agradeciendo su ayuda,
besando al pez anémona
y a la sepia que el botín
había hallado.

-"¡Gracias a todos os doy!.
La perla a mi cuello ha regresado
y es como si mi madre a mí volviera,
como si su mirada sintiera
al ver vuelta mi alegría,
al ver que estamos, de algún modo,
de nuevo unidas,
acariciando este lazo del pasado
que reverbera en mi presente
con toda su dulce fuerza para mi deleite".
Entretenida historia hecha verso, de seguro gustará a los pequeños. Grato leerte, un saludo cordial
 
Sirenita de la trenza oscura
de ojos verdes como selva esmeralda,
en el fondo del mar solloza
porque ha perdido su perla nacarada.

- "¿Qué te pasa, niña apenada?
¿Qué dolor nubla tu mirada?
¿Por qué llenas más el mar
con tus lágrimas desesperadas?"

La pequeña miró al pez anémona
y a través de su mirada nublada,
le contó que la perla perdida
era la única cosa
que de su madre conservara.

-"Ella murió cuando era muy pequeña.
No recuerdo su rostro, su cara;
pero ella llevó sobre su pecho,
engarzada en cadena de plata,
una perla de esplendor sin igual,
un tesoro simpar en la tierra,
que mi padre me entregó
para que al mirarla
me acordara con cariño de ella.

Ahora la he perdido
y es como si con ella,
mi madre de mí se alejara.
Debo encontrarla,
pues su calor, su tacto,
es como el de sus manos
cuando de bebé me mecía,
sentada con su cola extendida
y por la ballena beluga acompañada".

-"¡ Vamos a buscarla pues!.
¡Llamaremos a las estrellas de mar,
a las medusas, los hipocampos,
a mis hermanos que no están lejos,
a cualquier pez que haya en el mar
que en esta búsqueda quiera colaborar!".

La sirenita sonrió con timidez
y con su mano pequeña y blanca,
se limpió sus lágrimas
siguiendo al pez
que a aquéllos con quienes se topaba,
daba órdenes de que con ahínco buscaran,
sin olvidar un rincón, un hueco,
trabajando todos como un equipo
tras de la alhaja extraviada.

La sepia se paró en seco.
Vislumbró un zapato abandonado;
este era viejo, antiguo, estropeado,
pero que brillaba con un fulgor extraño.
Lo agarró y dentro vio la joya anhelada.
Dio un silbido, fuerte, bronco,
y los demás se pararon al momento.

-"¡Aquí está!. ¡Yo lo he encontrado!.
¡Hoy he sido el afortunado!".

La sirenita saltó de gozo.
Cabriolas como una peonza,
como un ángel extasiado
efectuó alrededor de los peces
que en la busca participaron,
agradeciendo su ayuda,
besando al pez anémona
y a la sepia que el botín
había hallado.

-"¡Gracias a todos os doy!.
La perla a mi cuello ha regresado
y es como si mi madre a mí volviera,
como si su mirada sintiera
al ver vuelta mi alegría,
al ver que estamos, de algún modo,
de nuevo unidas,
acariciando este lazo del pasado
que reverbera en mi presente
con toda su dulce fuerza para mi deleite".

Desobordate imaginación que fascinara a los niños. Mi saludo cordial.
 
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