Manolo Martínez
Poeta fiel al portal
“De noche cuando me acuesto le rezo a la Virgen de la Macarena” ... Así cantaba Juan Legido acompañado por Los Churumbeles de España una y otra vez en el viejo tocadiscos de mi amigo don Félix Marcelino Martínez, nacido en estas tierras, hijo de inmigrantes españoles llegados a esta ciudad en la primera década del siglo veinte.
Como era de suponer, don Félix, criado en el seno de una familia que conservaba fuertemente las costumbres y tradiciones de aquel bello país del viejo continente, no se hacía esperar para responder cuando le preguntaban sobre las vivencias de sus padres en aquellas lejanas tierras o sobre distintos temas relacionados a su vivir cotidiano dentro del hogar donde había crecido.
Don Martínez, mecánico automotor de profesión, hablaba de sus padres con emoción: contaba que su madre, doña Encarnación Serrano, oriunda de la ciudad de Almería (Andalucía) y su padre, don Joaquín Martínez, nacido en la ciudad de Murcia, dado las dificultades económicas de aquellas épocas y en busca de un mejor porvenir para sus vidas, viajaron con su primera hija recién nacida rumbo a Buenos Aires; llegados allí, luego de una semana de averiguaciones, se anoticiaron de trabajo estable y se aventuraron en viajar dos mil kilómetros más, hacia el norte de Argentina, para establecerse aquí, en la ciudad de Salta, donde nacieron sus siete hijos restantes.
Contaba también, que ya fallecidos sus padres, en el mismo hogar de su crianza, al cual todos llamaban “la pequeña España” y por el transcurso de largos años, se siguieron reuniendo todos sus hermanos con sus respectivas familias para compartir en cada ocasión comidas típicas de ese hermoso y lejano país, como ser paellas, migas de harina y gazpachos, como así también para disfrutar de todo tipo de expresiones folklóricas, sobre todo el cante y el baile flamenco, con algunas participaciones de él (cante jondo) y la de sus hermanos y sobrinos.
Hoy, ya no está con nosotros don Félix Martínez; pero por cuestiones del destino, aquel viejo tocadiscos en donde él solía escuchar sus canciones recordando los momentos vividos en “la pequeña España”, se encuentra en mis manos.
Y en noches de nostalgia, mientras siento un profundo recuerdo por él, elijo al azar y pongo uno de sus discos de vinilo, reposo la púa y escucho suavecito: “Están clavadas dos cruces en el monte del olvido por dos amores que han muerto sin haberse comprendido” ...
(a la memoria de mi padre y abuelos)
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