En el tablado de las pendencias, dos sucios borrachos pelean por un viejo odre de vino. Los convidados al lugar silban de gusto; mientras el tabernero hace caja por las múltiples bebidas de su complacida clientela. Es noche. Y en ese antro las bujías iluminan las caras hinchadas de los espectadores de tal lamentable rencilla entre dos enajenados hombres por un regalo de Baco. Al fin, uno le da un puntapié en las costillas al otro. Y lo deja tumbado y dolorido fuera del lugar de la imbécil rencilla. Coge el líquido púrpura en fermentado saco de cuero y lo bebe alocado. Entonces comienza a desvariar y, creyéndose un emperador, le dicta enojado al público que se postre de inmediato ante él. Pero aquel ríe aún más. Lanzando vasos de bohemia a su estrafalaria facha de payaso ridículo y triste.