Blanca paloma, que con tu pico sedoso llenas el buche de migajas esponjosas de pan. El cazador anda cerca. Merodeando para cortar tus delicadas alas e insertar tu santo cuerpo en un palo de caoba para freírte en la lumbre de su lunática casa. Tienes que emprender el vuelo antes de que sea demasiado tarde. Pero te has quedado rezagada. La noche te envuelve con su manto de Muerte. Y sueñas con parajes diurnos. Donde los manantiales brotan agua clara y donde los nidos del Amor pían con ese monótono cantar de tus risueños compañeros de especie. Es hora de que despiertes. Pero ¡ay! tu indolencia te hace seguir soñando bajo tu ala de dimensión onírica. Eso te llevará a tu propia perdición. Ahora se escuchan las pisadas del hombre furtivo. Con una linterna ilumina tu cuerpo henchido. Y te despierta mientras con una navaja te corta el cuello y tus extremidades de glorioso vuelo inmaculado. Ya es tarde para vivir, blanca paloma.