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Los estados de desespero que sufro puntualmente,
me suman en un estadio de oscuridad,
donde palpo las paredes como de pasillos,
para comprobar si es cierto lo que vivo.
No me explico como soy capaz de soportar el terror,
como mis carnes no se abren y se descomponen sin mas,
pues dolor de muerte llevo a veces por dentro.
Oscuridad, soledad, humedad...
Mas yo sigo corriendo esperando que alguna mano etérea me sujete
y sin dejar huella me asfixie y acabe ya mi tormento.
Ríos de lágrimas dejo que corran,
deseando que de alguna manera me sigan recordando que soy humana,
y que por solo ese detalle el cielo se acuerde de mi.
Que escabroso es el camino,
cuantas escaleras, despeñaderos y cornisas de poco espacio tengo que recorrer.
Las mochilas de primeros auxilios no me caben en la espalda.
Las maletas de recuerdos,
solo las puedo cargar en algún desván desvencijado de mi memoria.
Los bolsos con maquillaje de teatro,
hace tiempo que se ha caducado su contenido.
Los sobres, con cartas bonitas, ya solo son utopía.
Para qué cargar con paliativos,
esperaré tranquila, dejaré el desespero y el terror
y me acostumbraré a la oscuridad, la soledad y la humedad,
que casi siempre son mis aliadas.
SHA
Los estados de desespero que sufro puntualmente,
me suman en un estadio de oscuridad,
donde palpo las paredes como de pasillos,
para comprobar si es cierto lo que vivo.
No me explico como soy capaz de soportar el terror,
como mis carnes no se abren y se descomponen sin mas,
pues dolor de muerte llevo a veces por dentro.
Oscuridad, soledad, humedad...
Mas yo sigo corriendo esperando que alguna mano etérea me sujete
y sin dejar huella me asfixie y acabe ya mi tormento.
Ríos de lágrimas dejo que corran,
deseando que de alguna manera me sigan recordando que soy humana,
y que por solo ese detalle el cielo se acuerde de mi.
Que escabroso es el camino,
cuantas escaleras, despeñaderos y cornisas de poco espacio tengo que recorrer.
Las mochilas de primeros auxilios no me caben en la espalda.
Las maletas de recuerdos,
solo las puedo cargar en algún desván desvencijado de mi memoria.
Los bolsos con maquillaje de teatro,
hace tiempo que se ha caducado su contenido.
Los sobres, con cartas bonitas, ya solo son utopía.
Para qué cargar con paliativos,
esperaré tranquila, dejaré el desespero y el terror
y me acostumbraré a la oscuridad, la soledad y la humedad,
que casi siempre son mis aliadas.
SHA
Andamos cambiando tormentos por torrentes, incertidumbres por esperanzas, estados por presencias. Vivir es un reto cada día, la muerte lo que dejamos de lado cada vez que logramos respirar al amanecer.
Humanos somos, con toda la incertidumbre que conlleva. Tendremos que recargar el maletín de primeros auxilios... y auxiliarnos.
Besos, Sandra, desde este apartado adicto a las soledades, pero que no quiere acostumbrarse a las penalidades.