Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Quiero que el mundo se desvanezca bajo mis párpados cerrados;
que los minutos se desprendan de su cárcel de cristal y tiempo,
y que la luz diurna quede sometida bajo el yugo del silencio.
Veré entonces cómo las alas de la tierra alzan su vuelo amargo
hacia la otra orilla del océano que nos separa de la muerte.
Allí, el tacto de la nada más pura nos envuelve como un sudario;
los ojos se cierran, y el caos cubre nuestras quimeras con sus manos.
El único Paraíso se encuentra en la inmensidad del subconsciente.
Los sueños se alzan, como una oración, hacia los Cielos primordiales
de nuestra mente; son millones de arañas tejiendo la Creación
que Dios no puede corromper con su dogma hastiado ni su perdón
lleno de trampas. Porque este mundo huele a infinidad y sabe a altares,
mientras que Su realidad se pudre lentamente, aburrida y seca.
La noche trae los antiguos placeres y los miedos que se esconden
de la luz; la luna sonríe en la macabra oscuridad de su orbe
negra, y nosotros temblamos en sueños como agónicas estrellas.
que los minutos se desprendan de su cárcel de cristal y tiempo,
y que la luz diurna quede sometida bajo el yugo del silencio.
Veré entonces cómo las alas de la tierra alzan su vuelo amargo
hacia la otra orilla del océano que nos separa de la muerte.
Allí, el tacto de la nada más pura nos envuelve como un sudario;
los ojos se cierran, y el caos cubre nuestras quimeras con sus manos.
El único Paraíso se encuentra en la inmensidad del subconsciente.
Los sueños se alzan, como una oración, hacia los Cielos primordiales
de nuestra mente; son millones de arañas tejiendo la Creación
que Dios no puede corromper con su dogma hastiado ni su perdón
lleno de trampas. Porque este mundo huele a infinidad y sabe a altares,
mientras que Su realidad se pudre lentamente, aburrida y seca.
La noche trae los antiguos placeres y los miedos que se esconden
de la luz; la luna sonríe en la macabra oscuridad de su orbe
negra, y nosotros temblamos en sueños como agónicas estrellas.