Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eduardo, tus ojos fúricos se
calman entre sueños de azufres
y viejas tierras que tú has conocido
Eduardo, tus manos ya no son
como en otroras, y un espectro
siempre nos visita, siempre.
El cielo de pronto, se volvió
un revoltijo con destellos y
entre las nubes que no son más
que cartones mal puestos, aparece
un robot desvencijado, que se ríe
de manera extraña y malévola.
Y la noche se vence entre los tejados
de los viejos ídolos, vestidos con
harapos, tú entre las cortinas suaves
de gasas, tú entre los muertos que
te saludan, tú entre los hechizos, las
magias, los cráneos con quienes
platicabas allá, en tus juventudes
plateadas.
Tu sonrisa, estaba arrinconada en los
espasmos del infierno, cuando se
mueve y retumba en los días de calor
y luego un ángel sin alas y con muchos
problemas susurra tu nombre y te estremece
el fresco aire de los noviembres secos
y hórridos.
Un ángel sin alas y quemado te susurra
un ángel sin dientes, con huesos rotos
un ángel sin futuro.
Y tú sigues echando humo por la boca
de tus colmillos afilados, y tus ojos y tus
sombras, Eduardo.
La noche se cierne, y acoge a los espejos
la gente pone sábanas y luego se acuesta a
soñar con ya sabemos quien.
Eduardo, tu sonrisa está colgada en un día
del dos mil siete.
Te veo dormir, Eduardo, cae la noche
sobre mis rodillas y las otras rodillas
y sobre todo el mundo.
calman entre sueños de azufres
y viejas tierras que tú has conocido
Eduardo, tus manos ya no son
como en otroras, y un espectro
siempre nos visita, siempre.
El cielo de pronto, se volvió
un revoltijo con destellos y
entre las nubes que no son más
que cartones mal puestos, aparece
un robot desvencijado, que se ríe
de manera extraña y malévola.
Y la noche se vence entre los tejados
de los viejos ídolos, vestidos con
harapos, tú entre las cortinas suaves
de gasas, tú entre los muertos que
te saludan, tú entre los hechizos, las
magias, los cráneos con quienes
platicabas allá, en tus juventudes
plateadas.
Tu sonrisa, estaba arrinconada en los
espasmos del infierno, cuando se
mueve y retumba en los días de calor
y luego un ángel sin alas y con muchos
problemas susurra tu nombre y te estremece
el fresco aire de los noviembres secos
y hórridos.
Un ángel sin alas y quemado te susurra
un ángel sin dientes, con huesos rotos
un ángel sin futuro.
Y tú sigues echando humo por la boca
de tus colmillos afilados, y tus ojos y tus
sombras, Eduardo.
La noche se cierne, y acoge a los espejos
la gente pone sábanas y luego se acuesta a
soñar con ya sabemos quien.
Eduardo, tu sonrisa está colgada en un día
del dos mil siete.
Te veo dormir, Eduardo, cae la noche
sobre mis rodillas y las otras rodillas
y sobre todo el mundo.
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