El ermitaño
Poeta recién llegado
La noche inundaba
la vía con silencio.
Perdido entre sombras
tiritaba de helor humeante.
Un miedo súbito encendió
mi rostro de llaga:
—callado, rumiante,
sentí la oquedad.
Ante un magno frontispicio
yací vulnerable,
leí las vagas inscripciones
que hormigueaban la piedra.
Leí los símbolos del misterio,
los transeúntes entraban por el pórtico
como una hilera de ungidos.
Yo, sentí miedo también,
pero una voz me colmó
de armonía vibrante,
y me perdí en una nación sin nombre,
ni banderas,
y al olvido regresé.
la vía con silencio.
Perdido entre sombras
tiritaba de helor humeante.
Un miedo súbito encendió
mi rostro de llaga:
—callado, rumiante,
sentí la oquedad.
Ante un magno frontispicio
yací vulnerable,
leí las vagas inscripciones
que hormigueaban la piedra.
Leí los símbolos del misterio,
los transeúntes entraban por el pórtico
como una hilera de ungidos.
Yo, sentí miedo también,
pero una voz me colmó
de armonía vibrante,
y me perdí en una nación sin nombre,
ni banderas,
y al olvido regresé.
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