Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Hoy vi sus pasos
al lado mío se formó un remolino de fantasmas tormentosos
primero el salto, luego, su pecho sobre el acero.
Un humo escandaloso brotó de la bestia metálica
mi espalda me salvó de ser juez de su martirio.
Estaba serena
sin sonrisas
sin miradas amables
concentrada en su ritual mortuorio.
¿Voló?... No, no voló,
fue un salto,
luego sos ojos se clavaron en la tierra
sus brazos junto al cuerpo
sus pies en actitud de rezo.
Pasé a su lado y no sentí su frío
la miré sin saber que ya era un remolino.
La muerte estaba ahí
pero no me hizo daño
era inofensiva
amorosa
incapaz de lastimar a quien la viera.
Sólo quería volar
volverse un incienso liberado
dejar esas miserias que se le hicieron martirio.
Me pregunté largamente:
¿Cómo era su voz?...
Aunque jamás pude conocerla
me dejó impregnado
de su poderoso silencio.
al lado mío se formó un remolino de fantasmas tormentosos
primero el salto, luego, su pecho sobre el acero.
Un humo escandaloso brotó de la bestia metálica
mi espalda me salvó de ser juez de su martirio.
Estaba serena
sin sonrisas
sin miradas amables
concentrada en su ritual mortuorio.
¿Voló?... No, no voló,
fue un salto,
luego sos ojos se clavaron en la tierra
sus brazos junto al cuerpo
sus pies en actitud de rezo.
Pasé a su lado y no sentí su frío
la miré sin saber que ya era un remolino.
La muerte estaba ahí
pero no me hizo daño
era inofensiva
amorosa
incapaz de lastimar a quien la viera.
Sólo quería volar
volverse un incienso liberado
dejar esas miserias que se le hicieron martirio.
Me pregunté largamente:
¿Cómo era su voz?...
Aunque jamás pude conocerla
me dejó impregnado
de su poderoso silencio.
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