Novalistian
Poeta recién llegado
La muerte llamó a mi puerta,
estuve a punto de abrirle,
dolorido,
con la herida tan abierta,
quise ignorar sin zaherirle
lo ocurrido;
me habían negado el cielo,
no lo podía soportar,
resignado,
fui explotado por mis celos
que me quisieron lapidar
engañado.
Codiciarme la venganza
de la supuesta culpable
sanguinaria,
maté cualquier esperanza
para que fueras posible,
represalia;
quise convivir contigo,
pero el traidor apareció,
arrogante,
pretendió ser un amigo,
mas con todo me despreció,
insolente.
Al descubrir el idilio,
no hubo tristeza, sólo ira
cegadora,
no hubo válido utensilio
para extinguir la mentira
desertora;
la furia ganó al corazón
y con ello todo acabó
tristemente;
no hay lágrimas ni tu perdón
y el padecimiento arrancó
fatalmente.
De manera enigmática,
tiempo transcurrido después,
tú me hablaste,
sorpresa automática
por un imprevisto revés,
me alegraste;
no sería la primera vez,
pero como tantas otras,
desperdicié,
una oportunidad que fue
la que me brindaste ahora,
así extrivié.
Con las puertas ya cerradas,
sólo me quedó el delirar
y el fallecer,
no tener guerras ganadas,
hacer crecer más aún el mar,
saber perder;
arrinconarte en los sueños
sin poder verte nunca más,
así acaba
el preludio de ser niños,
con la muerte justo detrás,
me mataba.