Hoy he visto a una alegre rosa llorar
y en fantasía su faz vestía de luto,
porque su amor y diosa ha de expirar,
bajar como reina y pararse su culto.
Ya su corona de plata ilumina
por que la gente vea su penuria.
Decían que amaba a un mortal desde niña
y a los veinte le dominaba la lujuria.
La furia de los dioses cae sobre mi piel
y las tormentas son látigos que la hieren.
No grita ni suplica, aguanta esa hiel
porque su corazón y su alma al mortal quieren.
Allí, sentada en el trono excelso,
sigue dominando sus corazones.
Zeus no tendrá ese cuerpo de fuego intenso
y a Thor mandará truenos por traiciones.
Las tres arpías se reúnen en círculo
y buscan el acero de unas tijeras.
Pasado y presente rezan precioso vínculo,
y futuro entiera su alma y belleza enteras.
Mas un muchacho que, de esto,
nunca había escuchado palabra alguna
se atrevió a luchar, de su vida, el resto,
contra Selene, la diosa de la Luna.
Así subió al Olimpo y llamó a sus puertas,
los campos de lágrimas por rosas enfermas,
la ventisca de tormenta, los dioses y las afrentas,
cual dolores de parto grita Afrodita medio muerta.
Recibió en sus manos la diosa en sangre,
sus pupilas extasiadas por el tumulto y el terror,
calmó su tensión imaginando su hambre
y llenó su vacío, en su mirada, sin temor.
Con sutil gracia Afrodita se incorpora
y mira al galán con dulzura indescriptible.
Pero palabra no se oyó en una hora
pues quedó muerta la vía de lo audible.
Y Hades acude al encuentro
y separa a los dos enamorados.
Retando al dios del infierno
el muchacho reclama su amor ganado.
Y Afrodita espasmódica sigue muda y observando
como fatal embrujo del dios del averno.
Un trato propuso al mortal engañando
por su vida dio a Afrodita vivir eterno...
Pasea por los campos Elíseos la dulce Afrodita,
y una rosa negra le regala sus pétalos,
en el templo sus ojos lloran cada día,
con su traje blanco, su mirada, su retrato.
y en fantasía su faz vestía de luto,
porque su amor y diosa ha de expirar,
bajar como reina y pararse su culto.
Ya su corona de plata ilumina
por que la gente vea su penuria.
Decían que amaba a un mortal desde niña
y a los veinte le dominaba la lujuria.
La furia de los dioses cae sobre mi piel
y las tormentas son látigos que la hieren.
No grita ni suplica, aguanta esa hiel
porque su corazón y su alma al mortal quieren.
Allí, sentada en el trono excelso,
sigue dominando sus corazones.
Zeus no tendrá ese cuerpo de fuego intenso
y a Thor mandará truenos por traiciones.
Las tres arpías se reúnen en círculo
y buscan el acero de unas tijeras.
Pasado y presente rezan precioso vínculo,
y futuro entiera su alma y belleza enteras.
Mas un muchacho que, de esto,
nunca había escuchado palabra alguna
se atrevió a luchar, de su vida, el resto,
contra Selene, la diosa de la Luna.
Así subió al Olimpo y llamó a sus puertas,
los campos de lágrimas por rosas enfermas,
la ventisca de tormenta, los dioses y las afrentas,
cual dolores de parto grita Afrodita medio muerta.
Recibió en sus manos la diosa en sangre,
sus pupilas extasiadas por el tumulto y el terror,
calmó su tensión imaginando su hambre
y llenó su vacío, en su mirada, sin temor.
Con sutil gracia Afrodita se incorpora
y mira al galán con dulzura indescriptible.
Pero palabra no se oyó en una hora
pues quedó muerta la vía de lo audible.
Y Hades acude al encuentro
y separa a los dos enamorados.
Retando al dios del infierno
el muchacho reclama su amor ganado.
Y Afrodita espasmódica sigue muda y observando
como fatal embrujo del dios del averno.
Un trato propuso al mortal engañando
por su vida dio a Afrodita vivir eterno...
Pasea por los campos Elíseos la dulce Afrodita,
y una rosa negra le regala sus pétalos,
en el templo sus ojos lloran cada día,
con su traje blanco, su mirada, su retrato.