angel del olvido
Poeta asiduo al portal
Voy a recordar entonces cuando mis besos formaban polos en tus cejas, guaridas para hibernar a gusto, a las anchas de una seguridad ciega, caber perfectamente en un mundo equitativo, de reciprocidad obligada y tener la caricia arrojada a la noche, a las piernas y devuelta tan llena de bosques lunares justo a unos labios incrédulos. Cerrándole el paso a una imaginación negativa.
Mis manos que callaban, que ya no tropezaban más, dedos de silencio y paciencia, aguardando el último amanecer, el último rayo de luz que era bruja y genio de la decantación de pérdidas y sexos enamorados.
Trasmutar figuras de rieles en directos trances nocturnos, en almohadas escapistas apelando trucos de magia selecta, contra todos, contra los billetes, contra los protocolos absurdos de una despedida. Besar como se pueda los últimos olores. Los últimos rayos de droga y paz, variedad de aspiraciones corporales, por boca contra boca, por pliegue contra pliegue, por ti contra mí. Irnos e impactarnos en la fotografía instantánea de una perdida prematura, concientizada, adecuada y tantos adjetivos inicuos para polvorear una muerte blanca en todas partes.
Creer de forma trascendente que lo hemos perdido todo, un valor, una risa, un cuerpo tibio y muchos compartimentos secretos, la amalgama perfecta de un vicio.
Enterarse de golpe que tenemos tantas muertes como cabellos.
Mis manos que callaban, que ya no tropezaban más, dedos de silencio y paciencia, aguardando el último amanecer, el último rayo de luz que era bruja y genio de la decantación de pérdidas y sexos enamorados.
Trasmutar figuras de rieles en directos trances nocturnos, en almohadas escapistas apelando trucos de magia selecta, contra todos, contra los billetes, contra los protocolos absurdos de una despedida. Besar como se pueda los últimos olores. Los últimos rayos de droga y paz, variedad de aspiraciones corporales, por boca contra boca, por pliegue contra pliegue, por ti contra mí. Irnos e impactarnos en la fotografía instantánea de una perdida prematura, concientizada, adecuada y tantos adjetivos inicuos para polvorear una muerte blanca en todas partes.
Creer de forma trascendente que lo hemos perdido todo, un valor, una risa, un cuerpo tibio y muchos compartimentos secretos, la amalgama perfecta de un vicio.
Enterarse de golpe que tenemos tantas muertes como cabellos.