Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
La mesa se llenó de objetos
la utilidad de muchos de ellos la desconozco
supongo que todos sirven para algo
aunque si así no fuera daría lo mismo;
si todos cargamos con pesos innecesarios
no entiendo porque una mesa no pueda hacerlo,
o eso creo, tampoco lo tengo claro.
He visto no hace mucho a alguna mesa salir por patas
al presentir que un excesivo peso iba a caer sobre
su lomo, su vientre. Como saber si una mesa
mira hacia arriba o abajo, desconozco su interés
para hacer lo uno o lo otro.
Nunca he hablado con ninguna sobre sus gustos culinarios,
quizás va siendo hora de que lo vaya haciendo.
La mesa es esa gran desconocida de nuestros hogares,
enormemente fiel como los perros, pero sin dientes
si acaso con alguna astilla suelta o un tornillo
que pueda arañarnos la mano del hambre,
la mano del manotazo, la caricia, del desperfecto o del arte.
La mesa sin embargo no tiene la culpa de nada,
es inocente de los insultos que puedan dispensarse en ella,
añora cuando no las tiene la reunión de muchos, y en soledad
gusta leer poesía o dibujar un retrato,
también prefiere los espacios abiertos
respirar la envidia de sus hermanos aún vivos
Y ponerse verde, enteramente verde
sin resquicio alguno para la duda.