Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Hay una mariposa en tu piel,
pequeña llama que danza con mi pensamiento.
Se posa donde el sol se atreve a jugar,
y su sombra tiembla como un suspiro detenido.
No sé si fue el azar o el arte del destino
quien la dejó pintada sobre tu cuerpo,
pero desde entonces mis manos imaginan
el vuelo que traza su misterio.
Cada vez que sonríes,
la mariposa despierta un viento leve,
una corriente tibia que recorre el aire
y me arrastra hacia ti como a un jardín encendido.
Oh, si pudiera rozar sus alas,
no para tocarla, sino para entender
cómo algo tan pequeño
puede guardar tanta vida, tanta belleza.
Y así me quedo, mirando,
callado ante su vuelo inmóvil,
sabiendo que algunas bellezas
solo se contemplan… nunca se atrapan.
pequeña llama que danza con mi pensamiento.
Se posa donde el sol se atreve a jugar,
y su sombra tiembla como un suspiro detenido.
No sé si fue el azar o el arte del destino
quien la dejó pintada sobre tu cuerpo,
pero desde entonces mis manos imaginan
el vuelo que traza su misterio.
Cada vez que sonríes,
la mariposa despierta un viento leve,
una corriente tibia que recorre el aire
y me arrastra hacia ti como a un jardín encendido.
Oh, si pudiera rozar sus alas,
no para tocarla, sino para entender
cómo algo tan pequeño
puede guardar tanta vida, tanta belleza.
Y así me quedo, mirando,
callado ante su vuelo inmóvil,
sabiendo que algunas bellezas
solo se contemplan… nunca se atrapan.