Como los sueños en la noche
no me detengo.
A tu respiración me ato
y en mis ojos te sostengo
en silencio,
para que nada entorpezca
el instante de vida
que pasa lento
entre tu mano y la mía.
Cada vez más pequeñas
son las cosas que me sujetan
a la candela de mi exigencia,
y cada vez con más fuerza ardo
sin saber por qué
con certeza.
Intuyo que el corazón se me divide
como una célula sin tino,
sorbiendo como una abeja
cada flor que alcanza con sus alas,
cada color que le atrae
con su brillo,
dejándose empujar
por la fuerte primavera
que enloquece de colores
brotando,
como sólo ella
sabe hacerlo cada año,
y como sólo ella
sabe perderse en el verano
amarillo a veces,
verde de encina otras,
y fuerte de calor siempre,
en la tierra que llevo en mi pensamiento.
no me detengo.
A tu respiración me ato
y en mis ojos te sostengo
en silencio,
para que nada entorpezca
el instante de vida
que pasa lento
entre tu mano y la mía.
Cada vez más pequeñas
son las cosas que me sujetan
a la candela de mi exigencia,
y cada vez con más fuerza ardo
sin saber por qué
con certeza.
Intuyo que el corazón se me divide
como una célula sin tino,
sorbiendo como una abeja
cada flor que alcanza con sus alas,
cada color que le atrae
con su brillo,
dejándose empujar
por la fuerte primavera
que enloquece de colores
brotando,
como sólo ella
sabe hacerlo cada año,
y como sólo ella
sabe perderse en el verano
amarillo a veces,
verde de encina otras,
y fuerte de calor siempre,
en la tierra que llevo en mi pensamiento.