A mí luego se me ocurre que el fin (finalidad) del mundo obedece más a la naturaleza y sus mecanismos que a cualquier intención humana.
Siento que quiero algo, que planeo algo... y no es más que el camino, el medio, por el cual, natura teje sus redes.
Hasta hoy muchos aspectos que determinan las realidades y destinos del hombre están fuera de su voluntad, la apariencia por ejemplo: cuestiones físicas de las que dependen tantas cosas. El hombre busca influir para compensar el efecto de los físico mediante la injerencia de la reflexión en las perspectivas, pero no sabemos si también por ese camino obedecemos el mandato interno del órgano y su naturaleza instintiva.
Lo bueno del asunto es que no pienso solo en esa posibilidad. Te leo y comprendo que al que deja el bulto se le borra el cassette y cuando se recicla con nueva cinta se hace las preguntas de todo mortal que mira como nuevo lo que no sabe ya ha vivido. Visto así surge la idea de que eso que sentimos que anima nuestros impulsos pude ser una energía extraña que solo habita el instante y carece de interés alguno por la experiencia acumulada mas que para sobrevivir. Otra idea podría ser, pensándola así, que el cerebro crea ese ser dentro de sus propias capacidades para ir alimentándolo progresivamente con sensaciones y experiencias útiles para su sobrevivencia material y humana, y que al culminar el ciclo de la vida cumple su propósito, pues toda la experiencia le es inútil para otro ambiente, en el cual las condiciones donde ha de desarrollarse son completamente diferentes a lo vivido.
Entre las ideas humanas encontramos la de pensar que en el más allá no se gana la vida, no se requiere alimento, al menos no como lo conocemos, que la organización es más cupular y dependiente de un intelecto superior que está más directamente relacionado con los (digamos) gobernados. Esa es la voluntad que prevalece y no la individual, que está sujeta a la superior. En el fondo está la aceptación tácita de la dictadura perfecta, ese anhelo secreto de depender de alguien más capaz y renunciar en sus brazos perfectos, paradisíacos, nuestra trabajosa y arriesgada iniciativa propia que es de alguna forma eso que llamamos libertad. Y si persiste esa idea de libertad está supeditada a la otra (divina, perfecta y superior) que vela por nuestro bien. Luego, pensada así, experiencia de vida y libertad vienen a ser innecesarias. Quizá esa idea persista en el imaginario colectivo de la mayoría de los vivos, pese a tantos desengaños no matan la idea del ser guía, del caudillo, del mesías que sepa los secretos de cómo equilibrar todo y proveer mágicamente un mundo feliz, ideal.
Suponemos que en la repetición de la experiencia (reencarna) surge una especie de madurez que se nota en las perspectivas con que el ser asume las nuevas experiencias, pero eso suele ocurrir en el individuo cuando la cultura viene a modificarle la personalidad y no solo actúa como un entretenimiento que le permite disfrutar aspectos y manifestaciones humanas, como sucede con muchas personas cultas a las cuales no se les ve más que la actitud de solazarse en el ambiente de un peculiar tipo de élite.
La formación valiosa para sortear un tipo de sociedad, de vida, puede no funcionar, ser inútil, para otro ambiente con condiciones diferentes, en donde asumimos no hay influencia de natura, o no hay natura. En esa existencia (pensamos) prevalecen y rigen mecanismos diferentes (...) ¿será?
Bueno, en tan breves versos una puerta amplia para reflexionar sobre situaciones hipotéticas.
Abrazos amigo.