poetaindagador
Poeta recién llegado
La indiferencia del vivir
me muestra la espalda.
La llamo de lejos,
pero no contesta,
no le da la gana.
Me estruja la consciencia de que
hay algo de verdad en la realidad,
pero cuesta creerlo, ya que sus ilusiones
tajantes las cubren con máscaras
de sangre.
El día que pasó me dejó
y ya no habrá más de él.
La terrible noche me acecha
y yo no sé como defenderme.
Sonidos extraños me persiguen,
en los sueños y en la vigilia,
me detengo a escucharlos
pero no los entiendo.
Siniestra volubilidad de la existencia
acarrea la esperanza de estabilidad
y acentúa la añoranza por lo extrañado,
que quedó atrás.
La mirada perforadora y malévola del conocedor.
Atraviesa el corazón con rapidez de flecha audaz.
Constancia demacrada.
Soluble individualidad.
Me niego a creer. Deseo soñar y olvidar ser.
Construir mundos vastos e insensatos.
Para destruirlos en la mañana cuando vuelvo
a percibir la constante realidad.
Ente atado a la punta de un mástil
en la sima de una montaña lejana
flamea excéntricamente.
Los pájaros se posan sobre su asta
y derraman sangre de héroes olvidados.
Confusión banal de la importancia.
La existencia o el ocio...
Sale de la cueva el ermitaño
y mira a su alrededor.
Se encuentra con el mundo
exterior.
Le da náusea lo que ve,
calles de fuego y árboles sin pies.
Canallas exaltados llevándose mucho más
de lo que sus brazos lánguidos pueden sostener.
Y se quiebra en llanto al beber el agua impura
del arrollo esbelto.
Naturaleza turbia sin esperanza.
Humanidad ciega de insaciable venganza.
me muestra la espalda.
La llamo de lejos,
pero no contesta,
no le da la gana.
Me estruja la consciencia de que
hay algo de verdad en la realidad,
pero cuesta creerlo, ya que sus ilusiones
tajantes las cubren con máscaras
de sangre.
El día que pasó me dejó
y ya no habrá más de él.
La terrible noche me acecha
y yo no sé como defenderme.
Sonidos extraños me persiguen,
en los sueños y en la vigilia,
me detengo a escucharlos
pero no los entiendo.
Siniestra volubilidad de la existencia
acarrea la esperanza de estabilidad
y acentúa la añoranza por lo extrañado,
que quedó atrás.
La mirada perforadora y malévola del conocedor.
Atraviesa el corazón con rapidez de flecha audaz.
Constancia demacrada.
Soluble individualidad.
Me niego a creer. Deseo soñar y olvidar ser.
Construir mundos vastos e insensatos.
Para destruirlos en la mañana cuando vuelvo
a percibir la constante realidad.
Ente atado a la punta de un mástil
en la sima de una montaña lejana
flamea excéntricamente.
Los pájaros se posan sobre su asta
y derraman sangre de héroes olvidados.
Confusión banal de la importancia.
La existencia o el ocio...
Sale de la cueva el ermitaño
y mira a su alrededor.
Se encuentra con el mundo
exterior.
Le da náusea lo que ve,
calles de fuego y árboles sin pies.
Canallas exaltados llevándose mucho más
de lo que sus brazos lánguidos pueden sostener.
Y se quiebra en llanto al beber el agua impura
del arrollo esbelto.
Naturaleza turbia sin esperanza.
Humanidad ciega de insaciable venganza.