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La hoja en blanco

El mentiroso

Poeta recién llegado
La poesía se aburre
De mis manoseos
“quizás será mejor que lo dejes, amor mío
No es lo tuyo”
Ya lo sé, ya lo sé
Siempre lo supe todo
Ahí se sustenta la esencia
La esencia de estos días
Que prometen con no acabar nunca

Mil agendas suicidadas tras mi armario
Esperanzas borrachas en mis estanterías
Un título- ¡sí, un jodido título!-muriéndose por la risa
Que le provoca mi cuerpo hundido en la almohada
Y bueno, ¿será el momento de firmar mi epitafio?
Dejar una hoja en blanco y decir:
“hasta aquí llegó el corrupto
Hasta aquí llegó el mentiroso”
Puede ser, pero nisiquiera soy una de esas dos cosas
O de tantas otras

Me pusieron un nombre al nacer
Un nombre que ya no puedo, ni quiero recordar
Y ese nombre se me escurrió de las manos
Cuando los años pasaban tras mi ventana
Y los árboles crecían rápidamente
Mi madre se fue acercando, lentamente
A la tierra que le dio un pase por una noche
Y mis hermanos crecieron, rápidamente
Hasta posar inhiestos
En su ignorancia frente al mar
Mientras yo, aquí hundido
En la misma posición
Les gritaba, les vomitaba, les insultaba
Pero no, no pasa nada, nunca es tarde para empezar a amar
Eso es lo que me dijo una piedra hundida en el barro
Tras cinco mil años de arrepentimiento

La luna ya esta cansada de mis odas
Y la tumba se muere de impaciencia
La hoja no quiere volver a aceptarme
Y yo, sinceramente, yo, no existo
 
Y yo, sinceramente, yo no existo...

Me hiciste recordar la noción de tabula rasa... La poesía también se puede aburrir de nuestros pasos... ¿Dónde te escondes, mentiroso? Hacen falta más poemas como estos...
Saludos y un cordial abrazo, desde el otro lado del Pacífico.
 
La poesía se aburre
De mis manoseos
“quizás será mejor que lo dejes, amor mío
No es lo tuyo”
Ya lo sé, ya lo sé
Siempre lo supe todo
Ahí se sustenta la esencia
La esencia de estos días
Que prometen con no acabar nunca

Mil agendas suicidadas tras mi armario
Esperanzas borrachas en mis estanterías
Un título- ¡sí, un jodido título!-muriéndose por la risa
Que le provoca mi cuerpo hundido en la almohada
Y bueno, ¿será el momento de firmar mi epitafio?
Dejar una hoja en blanco y decir:
“hasta aquí llegó el corrupto
Hasta aquí llegó el mentiroso”
Puede ser, pero nisiquiera soy una de esas dos cosas
O de tantas otras

Me pusieron un nombre al nacer
Un nombre que ya no puedo, ni quiero recordar
Y ese nombre se me escurrió de las manos
Cuando los años pasaban tras mi ventana
Y los árboles crecían rápidamente
Mi madre se fue acercando, lentamente
A la tierra que le dio un pase por una noche
Y mis hermanos crecieron, rápidamente
Hasta posar inhiestos
En su ignorancia frente al mar
Mientras yo, aquí hundido
En la misma posición
Les gritaba, les vomitaba, les insultaba
Pero no, no pasa nada, nunca es tarde para empezar a amar
Eso es lo que me dijo una piedra hundida en el barro
Tras cinco mil años de arrepentimiento

La luna ya esta cansada de mis odas
Y la tumba se muere de impaciencia
La hoja no quiere volver a aceptarme
Y yo, sinceramente, yo, no existo

Intensa dedicotoria hacia la sinceridad del poeta abierto
en ese dolor del aburrimiento tonal de las licuaciones
mentales. felicidades. me ha encantado el poema.
luzyabsenta
 
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