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La historia del petirrojo

bristy

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Había una vez un petirrojo
que picoteaba la ventana, toc! toc!
y decía: oye, abre la ventana y déjame entrar.
Abre, dulce niña, yo no sé que hacer,
hace frío y hay tanto viento aquí afuera en la calle.
Yo muero de frío, por favor, déjame entrar,
me portaré bien y seré gracioso.

La niña abría y dió, en su regazo,
al petirrojo miguitas de pan.
El pajarito se puso muy contento! El saltaba y bailaba
sobre el hombro de la niña, piaba y cantaba,
volaba desde la mesa por toda la habitación,
y agradecía a la dulce niña, tantas veces como quería.

Pero entonces, cuando ya no hacía mas frío afuera
y el solcito brillaba, estaba el petirrojo en la ventana.
El ya no jugaba, solo miraba por el vidrio y
piaba muy triste, él quería salir;
la niña abría, el petirrojo salto! Voló allí,
y en un, dos, tres, en los árboles desapareció.
 
Había una vez un petirrojo
que picoteaba la ventana, toc! toc!
y decía: oye, abre la ventana y déjame entrar.
Abre, dulce niña, yo no sé que hacer,
hace frío y hay tanto viento aquí afuera en la calle.
Yo muero de frío, por favor, déjame entrar,
me portaré bien y seré gracioso.

La niña abría y dió, en su regazo,
al petirrojo miguitas de pan.
El pajarito se puso muy contento! El saltaba y bailaba
sobre el hombro de la niña, piaba y cantaba,
volaba desde la mesa por toda la habitación,
y agradecía a la dulce niña, tantas veces como quería.

Pero entonces, cuando ya no hacía mas frío afuera
y el solcito brillaba, estaba el petirrojo en la ventana.
El ya no jugaba, solo miraba por el vidrio y
piaba muy triste, él quería salir;
la niña abría, el petirrojo salto! Voló allí,
y en un, dos, tres, en los árboles desapareció.

Así somos. Como la niña a veces, como el petirrojo las más de las ocasiones.

Saludos. Un hermoso poema.
 
Había una vez un petirrojo
que picoteaba la ventana, toc! toc!
y decía: oye, abre la ventana y déjame entrar.
Abre, dulce niña, yo no sé que hacer,
hace frío y hay tanto viento aquí afuera en la calle.
Yo muero de frío, por favor, déjame entrar,
me portaré bien y seré gracioso.

La niña abría y dió, en su regazo,
al petirrojo miguitas de pan.
El pajarito se puso muy contento! El saltaba y bailaba
sobre el hombro de la niña, piaba y cantaba,
volaba desde la mesa por toda la habitación,
y agradecía a la dulce niña, tantas veces como quería.

Pero entonces, cuando ya no hacía mas frío afuera
y el solcito brillaba, estaba el petirrojo en la ventana.
El ya no jugaba, solo miraba por el vidrio y
piaba muy triste, él quería salir;
la niña abría, el petirrojo salto! Voló allí,
y en un, dos, tres, en los árboles desapareció.
Todo tiene su tiempo. Y hay un momento para el calor y la caricia y otro para volar en libertad. Versos bellos, llenos de sentido común. Un placer recorrer estas líneas y detenerse con gozo en ellas. Que tengas felices días y recibe mi saludo cordial.
 
Todo tiene su tiempo. Y hay un momento para el calor y la caricia y otro para volar en libertad. Versos bellos, llenos de sentido común. Un placer recorrer estas líneas y detenerse con gozo en ellas. Que tengas felices días y recibe mi saludo cordial.
Efectivamente estimado poeta, todo y toda acción está finalmente limitada, podríamos decir tranquilamente. Mi gratitud por sus cálidas palabras y apreciada presencia es este rincón, gesto que valoro siempre, mis saludos cordiales y un buenísimo y poético día..
 
Había una vez un petirrojo
que picoteaba la ventana, toc! toc!
y decía: oye, abre la ventana y déjame entrar.
Abre, dulce niña, yo no sé que hacer,
hace frío y hay tanto viento aquí afuera en la calle.
Yo muero de frío, por favor, déjame entrar,
me portaré bien y seré gracioso.

La niña abría y dió, en su regazo,
al petirrojo miguitas de pan.
El pajarito se puso muy contento! El saltaba y bailaba
sobre el hombro de la niña, piaba y cantaba,
volaba desde la mesa por toda la habitación,
y agradecía a la dulce niña, tantas veces como quería.

Pero entonces, cuando ya no hacía mas frío afuera
y el solcito brillaba, estaba el petirrojo en la ventana.
El ya no jugaba, solo miraba por el vidrio y
piaba muy triste, él quería salir;
la niña abría, el petirrojo salto! Voló allí,
y en un, dos, tres, en los árboles desapareció.

Un hermoso relato poético, un placer de lectura, Bristy,
Isabel
 
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