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LA GATA CLEOPATRA

miara

Poeta asiduo al portal
Cleopatra, la gata,
Presumida se contemplaba
Sobre el espejo ovalado
De marco de plata.

Su reflejo,
la mirada le devolvió;
Era una forma sedosa,
De blanco angora,
Con ojos grandes,
De líquida turquesa,
Como sabrosa nata.

¡Qué orgullosa se sentía
De su imagen felina,
De los mimos y agasajos,
Que la que era su ama,
Le procuraba todos los días!.

Se decía que era
Una criatura preciosa,
Digna de admirar
Por sus congéneres,
Amén de por los humanos
Que a su lado se movían.

Vio en su pecera,
De vidrio transparente,
Al pequeño pececillo
Que flotaba
de uno a otro lado,
En su rutina diaria,
Desde que lo adquirió
Su dueña
Hacía una semana.

Se relamió de gusto
Y pensó
Que la anaranjada presa,
Sería un bocado apetecible
Que llevarse
A su boca hambrienta.

El pez, inquieto,
Notó como Cleopatra,
Con sigilo y cautela,
Se acercaba.
La vio, con horror,
Echar la zarpa
Para meterla
En el recipiente
Y así atraparle
Con su gatuna pata.

El pez exclamó,
Casi temblando,
A la minina ansiosa:
“Mi señora Cleopatra,
Hace poco
Que nos conocemos,
Pero, ¿pensáis
Que es buena idea
Alimentaros
De una penosa criatura
A la que ni siquiera
Nombre han dado?.
Yo pensé que erais
Más selectiva,
Que procuraríais
Cuidar la belleza
Que os engalana.
¿No sabéis que
Si el agua
de mi pecera
Os moja,
El esplendor
Que vuestro pelaje
Representa,
Se perderá
Y dejaréis de ser
Esa criatura bella
Que tanto complace
A la vista,
A la que los humanos
Que en esta casa habitan,
Tanto admiran?.
No querréis perder ese lugar,
Esa estimación especial
Que disfrutáis,
Poniéndoos al nivel
De los gatos callejeros
Que pululan miserables
Por entre sucios vertederos,
Callejones y basureros
De escombros llenos.”

Cleopatra
Confundida y alarmada,
Se puso a pensar.
Era probable
Que aquellos polvos extraños
Que al pez echaban
De vez en cuando,
Pudieran causar
En su hermoso pelo,
Estragos.

¡Oh, no!
¡Qué catástrofe
Sería!.
Tenía razón
El pequeño ser.
No se debía arriesgar,
Sobre todo
Por alimentarse
Con comida
Que no se correspondía
A su categoría.
Así, que se dio
Media vuelta
Y en su cesta
Se sentó,
Pensando,
Que la lata de atún
Que pronto
Le servirían,
Era mejor manjar
Que un pez raquítico,
Que a saber,
De donde procedería.

En la pecera,
El pececillo respiró,
Porque la vanidad superlativa
De la gata
Le había servido
Para no convertirse en raspa.
COMO UN VOLCAN
Era tan pequeña y frágil
,pero con un volcán
En su interior,
Que la impulsaba a conocer,
A experimentar,
Lo que había a su alrededor.
Sus padres, eran su dios,
Hechos de barro y flaquezas,
Pero nunca la importó
Porque cuando abría los ojos,
Les descubría con la mejor sonrisa
Haciendo frente al cotidiano dolor.
Y buscaba en el aire
Las respuestas
Que los mayores no contestaban.
Se planteaba dilemas
Que eran escuchados
Por alguna distraída rana,
Cuando salía de la escuela
Y por el parque caminaba.
Era feliz, sin saber
Qué significaba esa palabra,
Mientras al sol
Le echaba en cara
Que se retirase tan pronto,
Que fuera cobarde y pusilánime,
Dejando que la luna le ganara.
Así, en sus sueños,
Unas veces era un hada,
Liviana como un suspiro,
Un tanto revoltosa,
Que a los mortales
Hacía trastadas.
Pero la mayor de las veces,
Se imaginaba
como la sombra de sus padres,
Sobre los que se inclinaba
Y eternamente, abrazaba.

Sirena que contemplas mi barca
Bajo el mar bravío;
Que te balanceas en las aguas
Y que miras,
Entre la espuma y las rocas,
El brillo del relámpago
Sobre el cielo oscurecido.

Dame tu fuerza,
Dame tu aliento,
Para llegar a mi hogar,
Para llegar a puerto.
Diosa de la profundidad,
Cabellos de oro y de seda,
Ojos en los que cabe
El verde profundo
Del traicionero mar,
Arrástrame a la orilla,
Pues sé que sabes escuchar,
Y un peine de ámbar
Te habré de regalar.
“¡No prometas nada, marinero!
¡Nada me has de pagar!
Yo empujaré tu navío
Con la ayuda del delfín
Para que a tu esposa,
Que espera en la playa,
Puedas abrazar por fin.”
“No quiero llantos
Que yo no pueda enjugar.
No quiero silencios
De voces que ya no puedan cantar”.
“Vuelve por el sendero
Que yo misma he establecido
Y cuando la tormenta se haya extinguido,
Regresa y desafía a tu enemigo
Que aquí he de estar
Para mi bienvenida dar.”
 
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