En el esplendor de una noche de verano, las turbias riberas del río inmaculado son iluminadas por el frío haz de la luna llena. Allí, un joven apuesto y una mujer lozana están haciendo el Amor. Mientras, la cadencia musical de los efímeros grillos repercute en el aire cálido que todo lo circunda. Pero, la aparición mágica de un espectro de los sagrados bosques interrumpe a nuestros serios amantes. Estos se levantan y observan sorprendidos tal fantasma de multicolor aura. El cual se va acercando a ellos en un flotar tenue de inspiración divina. Los dos mortales se abrazan de terror. Mientras, la entidad, en una vorágine caótica de voces sentenciosas, los invita a proseguir en el acto sexual que estaban a realizar. Pero ellos están helados de fiel espanto. No se atreven. Por lo que el ser de éter compuesto se posesiona de la fémina; y la transfigura en una loca bacante que lo primero que hace es empujar al verdín al mancebo. El cual cae. Dándose un golpe mortal en una roca apagada por el silencio de un amanecer manso; que hace entrever a cada lado de las sienes de la víctima sendos regueros de sangre. La hembra, de terrible semblante, se abraza al ya muerto ser de sus apasionados suspiros.