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La duda senil

penabad57

Poeta veterano en el portal
No hay un sol bajo el revés de los párpados,
ni en el eterno eclipse de la noche que amplía
su horario de azabache. No hay luz en el núcleo
de la edad, cortina que vela, poco a poco, la juventud
de los propósitos. Por la boca de los relojes asoma
un túnel de horas negras, y ya no se ven el azul
del mar ni el blanco de la nieve, ni el gris pálido
de la bruma, ni el rojo incandescente del volcán.
Se vive en el sueño donde la realidad es un carrusel
invencible de imágenes que no son ni serán tacto,
ni ceremonia del día. No hay alba en la mirada
ni resplandor en los ojos, casi a ciegas la duda es un dios,
sin transparencia, ni tul, ni cénit. Cristal sin azogue, yo.
 
Última edición:
No hay un sol bajo el revés de los párpados,
ni en el eterno eclipse de la noche que amplía
su horario de azabache. No hay luz en el núcleo
de la edad, cortina que vela, poco a poco, la juventud
de los propósitos. Por la boca de los relojes asoma
un túnel de horas negras, y ya no se ven el azul
del mar ni el blanco de la nieve, ni el gris pálido
de la bruma, ni el rojo incandescente del volcán.
Se vive en el sueño donde la realidad es un carrusel
invencible de imágenes que no son ni serán tacto,
ni ceremonia del día. No hay alba en la mirada
ni resplandor en los ojos, casi a ciegas la duda es un dios,
sin transparencia, ni tul, ni cénit. Cristal sin azogue, yo.
Al final nos volvemos mono cromáticos e indescifrables. Un abrazo, Ramón.
 
No hay un sol bajo el revés de los párpados,
ni en el eterno eclipse de la noche que amplía
su horario de azabache. No hay luz en el núcleo
de la edad, cortina que vela, poco a poco, la juventud
de los propósitos. Por la boca de los relojes asoma
un túnel de horas negras, y ya no se ven el azul
del mar ni el blanco de la nieve, ni el gris pálido
de la bruma, ni el rojo incandescente del volcán.
Se vive en el sueño donde la realidad es un carrusel
invencible de imágenes que no son ni serán tacto,
ni ceremonia del día. No hay alba en la mirada
ni resplandor en los ojos, casi a ciegas la duda es un dios,
sin transparencia, ni tul, ni cénit. Cristal sin azogue, yo.


Y yo...

Un placer enorme compartir.

Palmira
 
No hay un sol bajo el revés de los párpados,
ni en el eterno eclipse de la noche que amplía
su horario de azabache. No hay luz en el núcleo
de la edad, cortina que vela, poco a poco, la juventud
de los propósitos. Por la boca de los relojes asoma
un túnel de horas negras, y ya no se ven el azul
del mar ni el blanco de la nieve, ni el gris pálido
de la bruma, ni el rojo incandescente del volcán.
Se vive en el sueño donde la realidad es un carrusel
invencible de imágenes que no son ni serán tacto,
ni ceremonia del día. No hay alba en la mirada
ni resplandor en los ojos, casi a ciegas la duda es un dios,
sin transparencia, ni tul, ni cénit. Cristal sin azogue, yo.

Es un poco triste, y más si se refiere a ti mismo lo que describes en el poema, aunque es cierto que el azul del mar no se ve porque está teñido por los colores de la basura y los vertidos, tampoco se ve el blanco de la nieve, ahora está manchada por partículas negras que el viento arrastra desde las industrias contaminantes.

Con todo su pesimismo el poema me ha gustado mucho, gracias por escribirlo.

Un abrazo

Los residentes de las ciudades de Leninsk-Kuznetsky, Kiselyovsk y Prokopyevsk en Siberia han compartido la visión espeluznante de ver nieve negra cubriendo sus calles. Estas tres ciudades separadas y localizadas dentro de la región minera del carbón de Kemerovo, en el suroeste de Siberia, han sido cubiertas por una densa y oscura capa de nieve tóxica, contaminada por el polvo de carbón que ahora también está presente en la superficie.

 
Es un poco triste, y más si se refiere a ti mismo lo que describes en el poema, aunque es cierto que el azul del mar no se ve porque está teñido por los colores de la basura y los vertidos, tampoco se ve el blanco de la nieve, ahora está manchada por partículas negras que el viento arrastra desde las industrias contaminantes.

Con todo su pesimismo el poema me ha gustado mucho, gracias por escribirlo.

Un abrazo

Los residentes de las ciudades de Leninsk-Kuznetsky, Kiselyovsk y Prokopyevsk en Siberia han compartido la visión espeluznante de ver nieve negra cubriendo sus calles. Estas tres ciudades separadas y localizadas dentro de la región minera del carbón de Kemerovo, en el suroeste de Siberia, han sido cubiertas por una densa y oscura capa de nieve tóxica, contaminada por el polvo de carbón que ahora también está presente en la superficie.

Gracias, Alberto, por la lectura y el interesante comentario que dejas. Un abrazo.
 
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