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La culpa es nuestro olvido

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
No hay viento que calme
el emergente cenicero de mi alma,

porque no se si soy oscuridad o luz,

las cenizas vuelan,
aún con tinta entre las nubes,
queriendo sincerarse
antes de la tormenta,
antes de que la desgracia nos inunde
y nos mienta,

por ahora
un silencio que danza con la incertidumbre,

y en el horizonte se aprecia
lo que el hombre
aun no pudo vislumbrar,

mas que una respuesta,

un espacio,
para confeccionar nuestros aciertos,
nutriendo nuestros deseos
con la avaricia inacabable
de un inalcanzable e insondable conocimiento,

en su transcurso,

muerte y desdicha,

la silente duda me va carcomiendo
así como a mi consciencia,
así como mi pecho y toda su indiferencia,

somos aves que sobreviven a la caída,
hasta que caen,

somos motas que matan,
hasta que ceden
para desfigurar al presente,
y olvidar un martirio mas,

en mi palma un futuro que se me clava
en las constantes lagrimas de mis venas,
transparentes y alargándose
por pena o por tiempo,

cuando la sangre se cristaliza,
cuando el cielo es reflejo
del espejo al que no queremos observar,

cuando el amor no se sepa cobarde,
cuando no se sepa salvavidas,
cuando sea paisaje e interna tibiez,

despiértame, y viviré quizás
en la estepa de tu universo,

respiraré quizás
en la cima de tus sueños,

quizás
pudiera imaginar
lo que amaría el pasado,
imaginándome un futuro sin dueño,

quizás seriamos designios fructíferos
de un presente eterno,

si es que existe ese milagro,
la culpa es nuestro olvido.
 
No hay viento que calme
el emergente cenicero de mi alma,

porque no se si soy oscuridad o luz,

las cenizas vuelan,
aún con tinta entre las nubes,
queriendo sincerarse
antes de la tormenta,
antes de que la desgracia nos inunde
y nos mienta,

por ahora
un silencio que danza con la incertidumbre,

y en el horizonte se aprecia
lo que el hombre
aun no pudo vislumbrar,

mas que una respuesta,

un espacio,
para confeccionar nuestros aciertos,
nutriendo nuestros deseos
con la avaricia inacabable
de un inalcanzable e insondable conocimiento,

en su transcurso,

muerte y desdicha,

la silente duda me va carcomiendo
así como a mi consciencia,
así como mi pecho y toda su indiferencia,

somos aves que sobreviven a la caída,
hasta que caen,

somos motas que matan,
hasta que ceden
para desfigurar al presente,
y olvidar un martirio mas,

en mi palma un futuro que se me clava
en las constantes lagrimas de mis venas,
transparentes y alargándose
por pena o por tiempo,

cuando la sangre se cristaliza,
cuando el cielo es reflejo
del espejo al que no queremos observar,

cuando el amor no se sepa cobarde,
cuando no se sepa salvavidas,
cuando sea paisaje e interna tibiez,

despiértame, y viviré quizás
en la estepa de tu universo,

respiraré quizás
en la cima de tus sueños,

quizás
pudiera imaginar
lo que amaría el pasado,
imaginándome un futuro sin dueño,

quizás seriamos designios fructíferos
de un presente eterno,

si es que existe ese milagro,
la culpa es nuestro olvido.
Muy buen poema.
Ha sido un gran gusto pasar.
Abrazo grande!
 
No hay viento que calme
el emergente cenicero de mi alma,

porque no se si soy oscuridad o luz,

las cenizas vuelan,
aún con tinta entre las nubes,
queriendo sincerarse
antes de la tormenta,
antes de que la desgracia nos inunde
y nos mienta,

por ahora
un silencio que danza con la incertidumbre,

y en el horizonte se aprecia
lo que el hombre
aun no pudo vislumbrar,

mas que una respuesta,

un espacio,
para confeccionar nuestros aciertos,
nutriendo nuestros deseos
con la avaricia inacabable
de un inalcanzable e insondable conocimiento,

en su transcurso,

muerte y desdicha,

la silente duda me va carcomiendo
así como a mi consciencia,
así como mi pecho y toda su indiferencia,

somos aves que sobreviven a la caída,
hasta que caen,

somos motas que matan,
hasta que ceden
para desfigurar al presente,
y olvidar un martirio mas,

en mi palma un futuro que se me clava
en las constantes lagrimas de mis venas,
transparentes y alargándose
por pena o por tiempo,

cuando la sangre se cristaliza,
cuando el cielo es reflejo
del espejo al que no queremos observar,

cuando el amor no se sepa cobarde,
cuando no se sepa salvavidas,
cuando sea paisaje e interna tibiez,

despiértame, y viviré quizás
en la estepa de tu universo,

respiraré quizás
en la cima de tus sueños,

quizás
pudiera imaginar
lo que amaría el pasado,
imaginándome un futuro sin dueño,

quizás seriamos designios fructíferos
de un presente eterno,

si es que existe ese milagro,
la culpa es nuestro olvido.
Me gustó, para confeccionar nuestros aciertos.

Saludos
 
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