Barzagath
Poeta recién llegado
Cuando en los ojos del cielo, la luna palpita,
como las venas de cólera, al que baila prendido
en la llama infinita del consuelo, asomándose
cual espectro de la fosa, como del azul la ventisca,
y del ocaso el aroma, que tiñen la luz con rubíes…
¡Y sangre, qué cálida embalsamó el horizonte!
el magenta del perfume, y la muerte de un monstruo,
zahieren cuando falleces en el alma pertinaz,
de un embrujo que hace parecer indolente,
al Ser que contiene el primor mustio, en un pecho
que revienta, y vibra como el tiempo; y el reloj,
cuya melodía es un diamante perdido,
y no brilla, sólo resplandece como la ilusión
de sentirnos vivos, en medio de víboras.
Barzagath, Buena Luna.
como las venas de cólera, al que baila prendido
en la llama infinita del consuelo, asomándose
cual espectro de la fosa, como del azul la ventisca,
y del ocaso el aroma, que tiñen la luz con rubíes…
¡Y sangre, qué cálida embalsamó el horizonte!
el magenta del perfume, y la muerte de un monstruo,
zahieren cuando falleces en el alma pertinaz,
de un embrujo que hace parecer indolente,
al Ser que contiene el primor mustio, en un pecho
que revienta, y vibra como el tiempo; y el reloj,
cuya melodía es un diamante perdido,
y no brilla, sólo resplandece como la ilusión
de sentirnos vivos, en medio de víboras.
Barzagath, Buena Luna.
Última edición: