Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
Disclaimer: Este un relato fanfic hecho por diversión y sin fines de lucro basado en el universo de la franquicia Terminator creada por James Cameron y Gale Anne Hurd.
La ciudad fantasma (parte IV)
A medida que pasaban las horas, la ciudad se volvía más opresiva, como si la misma atmósfera se condensara con cada uno de sus miedos. Megan, en un acceso de pánico, se acercó a una de las ventanas para intentar ver el exterior, pero lo que vio fue imposible: la ciudad misma se extendía hasta el horizonte, repitiéndose en un patrón infinito, con calles que se retorcían sobre sí mismas como un laberinto eterno. Su reflejo en el vidrio era el de una mujer mucho mayor, con el cabello cano y los ojos vacíos, gritando en silencio mientras se desmoronaba en polvo.
—¡Nos está replicando! — gritó, apuntando con su rifle hacia el cristal, como si disparar pudiera romper el hechizo. Pero antes de que pudiera apretar el gatillo, el reflejo se movió por sí mismo, extendiendo una mano que se estrelló contra el vidrio desde el otro lado. Megan cayó al suelo, muerta de un infarto instantáneo, sus ojos abiertos en una expresión de terror absoluto.
La ciudad parecía estar viva, respirando y acechando a los intrusos que se habían atrevido a entrar en su dominio. Algo sobrenatural y siniestro se ocultaba en cada rincón, en cada reflejo, esperando el momento oportuno para revelar su verdadera naturaleza. El escuadrón se encontraba atrapado en una pesadilla hecha realidad, navegando en el retorcido dédalo de esas calles que parecían no tener fin..
Cada vez que intentaban buscar una salida, la ciudad parecía retorcerse y distorsionarse, como si se burlara de sus esfuerzos. Las sombras cobraban vida, las luces parpadeaban con un ritmo hipnótico, y los reflejos se movían por cuenta propia, acechando a los aterrorizados miembros del escuadrón. Era como si la propia ciudad hubiera cobrado conciencia y los hubiera atrapado en una trampa mortal, de la cual no parecía haber escapatoria.
La ciudad fantasma (parte IV)
A medida que pasaban las horas, la ciudad se volvía más opresiva, como si la misma atmósfera se condensara con cada uno de sus miedos. Megan, en un acceso de pánico, se acercó a una de las ventanas para intentar ver el exterior, pero lo que vio fue imposible: la ciudad misma se extendía hasta el horizonte, repitiéndose en un patrón infinito, con calles que se retorcían sobre sí mismas como un laberinto eterno. Su reflejo en el vidrio era el de una mujer mucho mayor, con el cabello cano y los ojos vacíos, gritando en silencio mientras se desmoronaba en polvo.
—¡Nos está replicando! — gritó, apuntando con su rifle hacia el cristal, como si disparar pudiera romper el hechizo. Pero antes de que pudiera apretar el gatillo, el reflejo se movió por sí mismo, extendiendo una mano que se estrelló contra el vidrio desde el otro lado. Megan cayó al suelo, muerta de un infarto instantáneo, sus ojos abiertos en una expresión de terror absoluto.
La ciudad parecía estar viva, respirando y acechando a los intrusos que se habían atrevido a entrar en su dominio. Algo sobrenatural y siniestro se ocultaba en cada rincón, en cada reflejo, esperando el momento oportuno para revelar su verdadera naturaleza. El escuadrón se encontraba atrapado en una pesadilla hecha realidad, navegando en el retorcido dédalo de esas calles que parecían no tener fin..
Cada vez que intentaban buscar una salida, la ciudad parecía retorcerse y distorsionarse, como si se burlara de sus esfuerzos. Las sombras cobraban vida, las luces parpadeaban con un ritmo hipnótico, y los reflejos se movían por cuenta propia, acechando a los aterrorizados miembros del escuadrón. Era como si la propia ciudad hubiera cobrado conciencia y los hubiera atrapado en una trampa mortal, de la cual no parecía haber escapatoria.