Gritos y ruidos de cacharros
que sobre el suelo se estrellan,
mientras un ratón huye
de un escobazo certero.
La dueña de la casa,
intenta dominar su histerismo
mientras se afana en golpear
al roedor que en su harina
se ha metido.
“¡Vamos, gata haragana!.
¡Cumple con tu cometido!.
Sal tras ese ladrón
que mi cocina ha invadido”.
La gata, perezosa,
entreabre sus ojos claros
y hace un gesto de desdén
hacia su rostro enfadado.
Lentamente, se endereza y corre,
con cierta desgana,
hasta la rápida presa.
Un zarpazo le dirige,
pero en el aire choca
porque el bichejo sortea,
con gran habilidad,
tanto a la mujer furiosa
como a la felina,
un poco adormilada y patosa.
El canario en su jaula,
se balancea en el aro;
tanto jaleo y alboroto
le han alterado.
Mira sin comprender
lo que ocurre en el suelo,
ahí abajo,
desde lo alto de su percha
frente a la ventana abierta.
En ese instante,
el ratón da un salto.
El pájaro se asusta
y ve como,
con la rapidez de un rayo,
éste sale por la ventana
hacia el jardín recién sembrado.
El perro que hay afuera,
le descubre,
y ladrando va corriendo
tras el ágil ratón
que de la muerte ha escapado.
Pero éste se refugia
en el hueco de un árbol.
El perro se impacienta
al no conseguir sacarlo
y decepcionado,
regresa a la puerta de su casa,
donde su dueña le espera,
recogiendo del suelo
todos los trastos,
que la invasión del roedor
en el interior ha causado.
que sobre el suelo se estrellan,
mientras un ratón huye
de un escobazo certero.
La dueña de la casa,
intenta dominar su histerismo
mientras se afana en golpear
al roedor que en su harina
se ha metido.
“¡Vamos, gata haragana!.
¡Cumple con tu cometido!.
Sal tras ese ladrón
que mi cocina ha invadido”.
La gata, perezosa,
entreabre sus ojos claros
y hace un gesto de desdén
hacia su rostro enfadado.
Lentamente, se endereza y corre,
con cierta desgana,
hasta la rápida presa.
Un zarpazo le dirige,
pero en el aire choca
porque el bichejo sortea,
con gran habilidad,
tanto a la mujer furiosa
como a la felina,
un poco adormilada y patosa.
El canario en su jaula,
se balancea en el aro;
tanto jaleo y alboroto
le han alterado.
Mira sin comprender
lo que ocurre en el suelo,
ahí abajo,
desde lo alto de su percha
frente a la ventana abierta.
En ese instante,
el ratón da un salto.
El pájaro se asusta
y ve como,
con la rapidez de un rayo,
éste sale por la ventana
hacia el jardín recién sembrado.
El perro que hay afuera,
le descubre,
y ladrando va corriendo
tras el ágil ratón
que de la muerte ha escapado.
Pero éste se refugia
en el hueco de un árbol.
El perro se impacienta
al no conseguir sacarlo
y decepcionado,
regresa a la puerta de su casa,
donde su dueña le espera,
recogiendo del suelo
todos los trastos,
que la invasión del roedor
en el interior ha causado.