musador
esperando...
No la pátina ilustre del musgo y los moluscos abrevados en los siglos decora sus fachadas, resultado más bien del capricho de reyes, arzobispos y arquitectos. La vista de la vega, al occidente, calma los ojos abrumados por tanta magnificencia, tanto ornato donde los pobres santos de piedra no encuentran senda hacia el verde del valle o el azul del cielo. Un gran patio une, más que separa, los monumentos madrileños al poder, señalando con su nombre, «plaza de la Armería», a su fundamento. Caminando un poco hacia el norte, frente al palacio real, nos encontramos con un tiovivo dormido, quizás soñando que en una de sus vueltas podrá escapar de su eje y volar dejando su triste destino junto a instituciones tan vetustas.
En los jardines frente al palacio conocimos al pica-pica (Pica pica), hermosa urraca que luego veríamos en cada sitio que visitamos. Las aves vuelan, y a la hora de cagar tanto les da un palacio como una alberca: cierta democrática identificación con ellas me las hace especialmente simpáticas.
En los jardines frente al palacio conocimos al pica-pica (Pica pica), hermosa urraca que luego veríamos en cada sitio que visitamos. Las aves vuelan, y a la hora de cagar tanto les da un palacio como una alberca: cierta democrática identificación con ellas me las hace especialmente simpáticas.
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