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La cama y los cuervos

Dioryoja

Poeta recién llegado
Besaré tus sobras
hasta que mi corazón se derrita como cera en un altar profano.
He lamido tus ausencias con lengua de sal,
y aún así hambrienta,
me arrodillo ante el plato frío de tu indiferencia.

No me expliques,
háblame con la carne.
Dame la verdad en tu piel,
porque es a lo único que aún le creo.
Tus labios suaves,
esa mentira bendita
que me roza como un eclipse
y me deja ciega de amor.

Me miras,
y mis piernas se vuelven raíces que se desprenden del suelo,
flotando en ríos invisibles que no saben hacia dónde ir.

Me tocas,
y los cielos en mi pecho explotan en mil espejos líquidos,
como catedrales hundidas en mares de tiempo congelado.

Tu aliento en mi cuello
es un hechizo sin palabras,
una plegaria antigua que deshila mi alma
y la convierte en humo que danza entre tus dedos temblorosos.

Las excusas gotean del techo
como relojes blandos de Dalí.
Yo, cadáver en tu cama de fuego,
me desarmo mientras tú
recoges sólo la parte que brilla,
y dejas el resto a los cuervos.

Me besas como si me poseyeras entera,
pero sé que soy solo un susurro,
una esquina,
una partícula de tu deseo efímero.

Vuelvo,
como un espectro encadenado a su propia sombra,
porque tus migajas son banquete de humo venenoso,
un manjar de cenizas que devora esta hambre sin fondo,
un hambre que arde, que consume, que se desangra,
que no sabe existir, ni respirar, ni morir sin ti.


-Dior
 
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