En la rama de un olivo
se veía una aceituna
de verdoso colorido
y muy lisa, sin arrugas.
En el tronco había un mirlo
que la miraba con gula,
y la pobre -con sigilo-
procuraba su fortuna.
Se escondía entre los limbos
de dos hojillas oscuras
que le daban su cobijo
y sin ninguna apretura.
Con el día muy tranquilo
y las dos hojas muy juntas
un viento pasó con brío
silbando canción de tuna.
El mirlo puso el oído
y, con postura gatuna,
como tenía apetito
se merendó la aceituna.
xxx
Churrete