Una abeja fue a lavar
sus dos alas en el río,
pero no pudo empezar
porque pasó mucho frío.
Como no pudo volar
-que le dio un escalofrío-
se propuso caminar
entre gotas de rocío.
Tenía que atravesar
un enorme labradío,
y cantaba sin parar
cuando al andar se hizo un lío.
-No es para preocupar-
y se animaba con brío,
pero comenzó a pensar
en un futuro sombrío.
-¿A quién voy a preguntar?
¡Aquí está todo vacío!
Y quería estornudar
disimulando un resfrío.
Una avispa de un pajar,
con estilo y señorío,
a la abeja fue a buscar
y le dijo: -Yo te guío-
Y poniéndose a saltar,
olvidando su tronío,
a la avispa fue a besar,
y le dijo: -En tí confío-
xxx
Churrete