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Los deseos del deseo son a veces mis deseos
te amaría mucho más si supiese lo que ocultas
y no solo lo que veo.
Que no serias feliz lo sabias al elegir,
tú lo elegiste a él, pero me amabas a mi,
él era fuerte, arrogante, él era la voz cantante
un valiente presumido, que se reía en mi cara
cuando me supo vencido.
Me rechazaste a mí, introvertido aspirante,
en amores un desastre, un tímido enamorado
tan solo en sueños amante.
Tú tienes que recordar lo que te dije aquél día
que si entrabas en su vida entonces saldrías de la mía,
me mirabas sonriendo pensabas que jugaría
como tú con dos barajas, que arrodillado caería
el día que me llamaras.
El es mi hermano de sangre, ya deberías de saber
que con sangre no se juega, que al final rueda la sangre.
En la casa de mis padres como reina entraste un día
más pronto te abandonó, que él buscó otro reinado
para saciar sus deseos, que no eran deseos de amor,
allí sola te dejó como un perro abandonado
a ti solo te deseó y te usó para humillarnos.
Ahora que te abandonó intentas jugar conmigo
por eso me funden tu ojos al cruzarnos en el paseo,
pretendes jugar conmigo los juegos del desamor
quizás al de los deseos o a los deseos del amor.
Aunque hoy se de cierto, que los deseos del deseo
resultan ser mis deseos, ya no creo lo que me dices
ni deseo a mis deseos.
Los deseos del deseo son a veces mis deseos
te amaría mucho más si supiese lo que ocultas
y no solo lo que veo.
Que no serias feliz lo sabias al elegir,
tú lo elegiste a él, pero me amabas a mi,
él era fuerte, arrogante, él era la voz cantante
un valiente presumido, que se reía en mi cara
cuando me supo vencido.
Me rechazaste a mí, introvertido aspirante,
en amores un desastre, un tímido enamorado
tan solo en sueños amante.
Tú tienes que recordar lo que te dije aquél día
que si entrabas en su vida entonces saldrías de la mía,
me mirabas sonriendo pensabas que jugaría
como tú con dos barajas, que arrodillado caería
el día que me llamaras.
El es mi hermano de sangre, ya deberías de saber
que con sangre no se juega, que al final rueda la sangre.
En la casa de mis padres como reina entraste un día
más pronto te abandonó, que él buscó otro reinado
para saciar sus deseos, que no eran deseos de amor,
allí sola te dejó como un perro abandonado
a ti solo te deseó y te usó para humillarnos.
Ahora que te abandonó intentas jugar conmigo
por eso me funden tu ojos al cruzarnos en el paseo,
pretendes jugar conmigo los juegos del desamor
quizás al de los deseos o a los deseos del amor.
Aunque hoy se de cierto, que los deseos del deseo
resultan ser mis deseos, ya no creo lo que me dices
ni deseo a mis deseos.