Karime Soc
Poeta recién llegado
Es verdad que rompió mi corazón, pero fui yo quien dejó que se marchitara.
No quedaba nada en el invierno, seco y vacío corazón palpitante, silencioso con el viento.
Creímos que la primavera lo restauraría pero no aceptó estar entre otras flores.
Tristes colores decoraban el cielo y la tierra dura, como piedras impenetrables se volvió.
Quién querría volver a plantar mi corazón ? Solo un demente jardinero expondría sus manos a las espinosas verdades y las desafiantes tragedias.
Que me expulsen del jardín! Al fin y al cabo nunca más podré florecer, que me prendan fuego ahora mismo desde mis secas raíces.
Pongan mis pétalos marchitos justo en medio de todas las flores, alumbren con un fósforo cada uno de mis errores.
No hay remedio.
El primer jardinero me olvidó, el segundo con cariño me regaba mientras cantaba, mas su canto nunca me animó.
Una tarde él también se marchó.
Ahora nadie elogia mi tallo antes verde o acaricia mis pétalos admirando su suavidad.
Dicen que no he perdido todo el color, que alguna solución se hallará cuando deje que otro jardinero me vuelva a regar.
Lo dicen fácil,
no es sencillo observar quietamente sin poder decir nada, cuando quería decirle al primer jardinero “por favor no te vayas, no era yo tu flor favorita?”
El segundo me encontró marchita, no era su culpa que yo no floreciera.
El pobre jardinero creyó que su toque había perdido, se sorprendió al darse cuenta que me animaba un poco más si me plantaba entre espinos.
No es que no quisiera al jardinero, tenía miedo que también se fuera y lo hizo.
Ahora nada me da vida, todas las flores presumen su aroma y sus lindos colores, cantan en el jardín y esperan al jardinero.
Yo ya no lo espero.
No quedaba nada en el invierno, seco y vacío corazón palpitante, silencioso con el viento.
Creímos que la primavera lo restauraría pero no aceptó estar entre otras flores.
Tristes colores decoraban el cielo y la tierra dura, como piedras impenetrables se volvió.
Quién querría volver a plantar mi corazón ? Solo un demente jardinero expondría sus manos a las espinosas verdades y las desafiantes tragedias.
Que me expulsen del jardín! Al fin y al cabo nunca más podré florecer, que me prendan fuego ahora mismo desde mis secas raíces.
Pongan mis pétalos marchitos justo en medio de todas las flores, alumbren con un fósforo cada uno de mis errores.
No hay remedio.
El primer jardinero me olvidó, el segundo con cariño me regaba mientras cantaba, mas su canto nunca me animó.
Una tarde él también se marchó.
Ahora nadie elogia mi tallo antes verde o acaricia mis pétalos admirando su suavidad.
Dicen que no he perdido todo el color, que alguna solución se hallará cuando deje que otro jardinero me vuelva a regar.
Lo dicen fácil,
no es sencillo observar quietamente sin poder decir nada, cuando quería decirle al primer jardinero “por favor no te vayas, no era yo tu flor favorita?”
El segundo me encontró marchita, no era su culpa que yo no floreciera.
El pobre jardinero creyó que su toque había perdido, se sorprendió al darse cuenta que me animaba un poco más si me plantaba entre espinos.
No es que no quisiera al jardinero, tenía miedo que también se fuera y lo hizo.
Ahora nada me da vida, todas las flores presumen su aroma y sus lindos colores, cantan en el jardín y esperan al jardinero.
Yo ya no lo espero.