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IRC-Historia de mi diálisis - Capítulo 23 -final-

RamónL

Poeta recién llegado
Capítulo 23

Una nueva etapa en mi vida comenzaba y gracias a Dios esta vez me sentía con fuerzas y ánimos de afrontar mi situación, aunque no negaré que al verme mis heridas y observar más detenidamente el catéter que salía de mi estómago, me desesperé un poco, pero me reconfortaba pensando que esa manguerita me servía para vivir mejor.
La recuperación se fue dando rápidamente y mis heridas cicatrizaban sin problema, pero aún me dolía si realizaba movimientos bruscos y, peor, si me reía.
En cuanto pude moverme sin demasiada dificultad fui, junto con mi esposa, a una iglesia a agradecerle a Dios el que todo saliera bien, aunque en el fondo aún no me hacía a la idea del trasplante y, de agradecimiento, pasó a ser interrogatorio:
—Señor —me arrodillé, junté mis manos y oré en silencio—, te doy las gracias por permitirme estar aquí, por ayudarme a recuperar un poco la salud que mi enfermedad me quita. Ayúdame, ayúdame a superar todo esto, todo por lo que estoy pasando, por esta enfermedad tan horrible que me debilita en demasía y quiere robarse mi vida… Señor, ¿por qué me pasó esto a mí?, ¿en qué me equivoqué?, ¿porqué permitiste que me sucediera esto? Ahora, ¿qué va a pasar conmigo?, ¿qué voy a hacer? ¿Qué quieres de mí…? —cerré los ojos y me oculté el rostro con ambas manos. Volví a experimentar la sensación de vacío, de desesperación como lo hiciera el día cuando se me reveló mi padecimiento—, ¿por qué?
Al término de la misa, mi esposa y yo nos dirigimos a la casa de mis padres donde me aguardaba la sorpresa más hermosa que podía desear: alegremente y con los brazos abiertos, me aguardaba mi niño.
—¡Papi!
Dio un grito muy fuerte y corrió hacia mí con esa luz que sólo la inocente alegría puede brindar, nos abrazamos mutuamente, con mucha fuerza. Me besó las mejillas varias veces y yo lo correspondí de igual manera. En mi pecho se asentó un suave calor que hacía tiempo no experimentaba.
Y así fue que Dios, en la forma de ese hijo quien llegó corriendo muy sonriente a mí abrazándome y besándome con gran entusiasmo, contestó a todas mis interrogantes, y nuevamente di gracias al Señor.
—Gracias por mi enfermedad. Gracias, Dios, por ser yo quien la padece y no mi niño, mi esposa, padres o hermanos. Te agradezco, Señor, con todo mi corazón, con todas las fuerzas que mi alma puede dar, que mi hijo esté sano y que me permitas verlo jugar y reír y reflejarme en estos pequeños ojos, tan brillantes y llenos de la hermosa vida que a todos nos das, y darme cuenta que lo más grande y valioso que tengo, me está abrazando en este momento.
Yo aún no sé qué será de mí más adelante pero, ¿quién lo sabe? ¡Nadie! Nadie tiene la certeza de lo que le va a pasar mañana o en un año… y eso es estupendo, porque tenemos así el regalo de la esperanza en cada día que vivimos.
Por mi parte, sólo le pido a Dios que me dé valor y fuerza para afrontar lo que venga, y resignación para aceptarlo.
No me puedo rendir, no me debo dar por vencido, tengo que seguir adelante por mi hijo, para poder verlo crecer y estar ahí para él hasta que Dios quiera... y espero que quiera permitirnos vivir con salud por muchos años.
No hay de otra, tenemos que seguir adelante porque ya lo dijo Dios:
“Échale ganas, mi hermano, porque, sí tú lo haces, yo también por ti lo haré.”


Con este capítulo termina el libro IRC-Historia de mi diálisis. Próximamente espero publicar por este medio la historia que completa con el trasplante, la cual ya está en camino.
A aquellos que leyeron y tuvieron alguna afinidad con la historia, y que incluso me ayudaron a que se difundiera entre sus contactos, les deseo salud, paz y prosperidad.

GRACIAS.

Ramón L. Morales

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RamónL;3267063 dijo:
Capítulo 23

Una nueva etapa en mi vida comenzaba y gracias a Dios esta vez me sentía con fuerzas y ánimos de afrontar mi situación, aunque no negaré que al verme mis heridas y observar más detenidamente el catéter que salía de mi estómago, me desesperé un poco, pero me reconfortaba pensando que esa manguerita me servía para vivir mejor.
La recuperación se fue dando rápidamente y mis heridas cicatrizaban sin problema, pero aún me dolía si realizaba movimientos bruscos y, peor, si me reía.
En cuanto pude moverme sin demasiada dificultad fui, junto con mi esposa, a una iglesia a agradecerle a Dios el que todo saliera bien, aunque en el fondo aún no me hacía a la idea del trasplante y, de agradecimiento, pasó a ser interrogatorio:
—Señor —me arrodillé, junté mis manos y oré en silencio—, te doy las gracias por permitirme estar aquí, por ayudarme a recuperar un poco la salud que mi enfermedad me quita. Ayúdame, ayúdame a superar todo esto, todo por lo que estoy pasando, por esta enfermedad tan horrible que me debilita en demasía y quiere robarse mi vida… Señor, ¿por qué me pasó esto a mí?, ¿en qué me equivoqué?, ¿porqué permitiste que me sucediera esto? Ahora, ¿qué va a pasar conmigo?, ¿qué voy a hacer? ¿Qué quieres de mí…? —cerré los ojos y me oculté el rostro con ambas manos. Volví a experimentar la sensación de vacío, de desesperación como lo hiciera el día cuando se me reveló mi padecimiento—, ¿por qué?
Al término de la misa, mi esposa y yo nos dirigimos a la casa de mis padres donde me aguardaba la sorpresa más hermosa que podía desear: alegremente y con los brazos abiertos, me aguardaba mi niño.
—¡Papi!
Dio un grito muy fuerte y corrió hacia mí con esa luz que sólo la inocente alegría puede brindar, nos abrazamos mutuamente, con mucha fuerza. Me besó las mejillas varias veces y yo lo correspondí de igual manera. En mi pecho se asentó un suave calor que hacía tiempo no experimentaba.
Y así fue que Dios, en la forma de ese hijo quien llegó corriendo muy sonriente a mí abrazándome y besándome con gran entusiasmo, contestó a todas mis interrogantes, y nuevamente di gracias al Señor.
—Gracias por mi enfermedad. Gracias, Dios, por ser yo quien la padece y no mi niño, mi esposa, padres o hermanos. Te agradezco, Señor, con todo mi corazón, con todas las fuerzas que mi alma puede dar, que mi hijo esté sano y que me permitas verlo jugar y reír y reflejarme en estos pequeños ojos, tan brillantes y llenos de la hermosa vida que a todos nos das, y darme cuenta que lo más grande y valioso que tengo, me está abrazando en este momento.
Yo aún no sé qué será de mí más adelante pero, ¿quién lo sabe? ¡Nadie! Nadie tiene la certeza de lo que le va a pasar mañana o en un año… y eso es estupendo, porque tenemos así el regalo de la esperanza en cada día que vivimos.
Por mi parte, sólo le pido a Dios que me dé valor y fuerza para afrontar lo que venga, y resignación para aceptarlo.
No me puedo rendir, no me debo dar por vencido, tengo que seguir adelante por mi hijo, para poder verlo crecer y estar ahí para él hasta que Dios quiera... y espero que quiera permitirnos vivir con salud por muchos años.
No hay de otra, tenemos que seguir adelante porque ya lo dijo Dios:
“Échale ganas, mi hermano, porque, sí tú lo haces, yo también por ti lo haré.”


Con este capítulo termina el libro IRC-Historia de mi diálisis. Próximamente espero publicar por este medio la historia que completa con el trasplante, la cual ya está en camino.
A aquellos que leyeron y tuvieron alguna afinidad con la historia, y que incluso me ayudaron a que se difundiera entre sus contactos, les deseo salud, paz y prosperidad.

GRACIAS.

Ramón L. Morales


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Me conmovió profundamente tu historía. ¡Yo creo! y a veces pregunto, ¡muchas veces el por que a mi, a a nosotros, y siempre me Dios, si crees tienes que confiar, si Dios existe, no tenemos que interrogar,´y no somos los unicos en el mundo, ni son muy grande nuestros males, porque hay otros peores. He vivido en mi casa esa fatalidad, y lloramos, y nos enfurecimos,había una romería de amigos con su cara de pesar.Mi hermano, hombre alegre, buen padre, buien esposo, buen hermano, parrandero y trabajdor, paracia un santo en medio de tanata multitud; ya dejaron de visitarlo, ya dejaron de llamarlo, ya nadie llora, la vida siguio y siguio, ya a mi misma se me olvida por momentos,pero sin antes decierle y recalcarle... nadie se muere la vispera, han pasado 15 navidades,15, cumpleaños, nacieron ya cuatro neitos, ha podido comer comidas finas, o se ha alimentado mas delicada mente. ha viajado, ha tomado algunas copitas, no como antes...pero ha vivido más que yo o ha disfrutado más de la vida, y no se murio la vispera, y eso que cundo nos llaman, nos ¡llaman! el tiene lo riñones fundidos..o sea que cada tres dias le toca ir a que le saquen las toxinas...y todo gracias a su fe.Asi que querido amigo, miel bendiciones y vive mientras dure, pero vive feliz cada dia como si fuera el ultimo.Un gran abrazo lleno de mi fe en Dios.
 
Hola y gracias por sus palabras.
Realmente es algo increíblemente doloroso y difícil, tanto para el enfermo como para aquellos que lo quieren. Afortunadamente yo estoy bien, pero hay mucha gente que, lamentablemente, no pueden decir lo mismo. Espero que su hermano siga bien, que pueda vivir lo mejor posible y que nunca se rinda. Es maravilloso saber de personas que son peleadores de la vida, que pueden perder una caída pero que se levantan para enfrentar el siguiente día con más valor que al momento de caer.
Nuevamente le agradezco sus comentarios y le deseo lo mejor a ambos.
Saludos!!!
 
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