L
Luis Miguel Rubio Domingo
Invitado
Marisol era lunática, pero tan pendiente de la conveniencia social y de las costumbres de sus vecinos que lejos de representar el cliché de mujer harapienta y de costumbres nocturnas, era para su comunidad una especie de mediadora entre los hechos cotidianos explicables y los que requerían de la explicación que pudiera dar ella misma para que tuvieran algún sentido. Llevaba siempre consigo una carpeta azul, una especie de clasificador, en el que había estampado con pan de oro un título inquietante: Guía de lo Intratable. Cuando se creía sola, en los jardines del condominio, o en los jardines públicos que orlaban el barrio, entre los altísimos edificios rojizos que, como un bosque de girasoles gigantes saludaban al Sol, frente a una pacífica bahía de un cerúleo diamantino o de un verde jade, lo abría y extraía unas fichas plastificadas, de distintos tamaños y se la podía ver repasar su contenido, con fervor casi védico: estaba estudiando.
Marisol era lunática en el sentido particular de adoratriz de la luna: era su servidora. Se las había ingeniado para que apareciera como su amiga en facebook. A ella había dedicado, en su respectivo muro, frases como estas:
El verdadero rostro de la luna está en su cara oculta. No es, en ese sentido, distinta al común de los mortales.
La luna se dio la vuelta al saber que no era un planeta, desde entonces da la espalda al mundo y representa la melancolía.
Sólo Plutón, un enano con trastorno bipolar, puede consolar a la depresiva Luna; se escriben a menudo y están esperando que un asteroide pase por sus órbitas para acercarse regalos
Marisol llamaba a estas frases ipsofactancias porque se le ocurrían cuando tenía mucha prisa y no podía detenerse a escribirlas. Si conseguía memorizar alguna la guardaba en la Guía de lo Intratable. Y cuando tenía unas cuantas hacía con ellas una hoguera a la luz de la luna.
Marisol era lunática en el sentido particular de adoratriz de la luna: era su servidora. Se las había ingeniado para que apareciera como su amiga en facebook. A ella había dedicado, en su respectivo muro, frases como estas:
El verdadero rostro de la luna está en su cara oculta. No es, en ese sentido, distinta al común de los mortales.
La luna se dio la vuelta al saber que no era un planeta, desde entonces da la espalda al mundo y representa la melancolía.
Sólo Plutón, un enano con trastorno bipolar, puede consolar a la depresiva Luna; se escriben a menudo y están esperando que un asteroide pase por sus órbitas para acercarse regalos
Marisol llamaba a estas frases ipsofactancias porque se le ocurrían cuando tenía mucha prisa y no podía detenerse a escribirlas. Si conseguía memorizar alguna la guardaba en la Guía de lo Intratable. Y cuando tenía unas cuantas hacía con ellas una hoguera a la luz de la luna.