Nina Alma
Poeta recién llegado
La çiudad aún dormía.
Los faroles iluminaban
la oscuridad nevada
de las calles,
de las plazas,
sus monumentos,
sus bancos.
La blanca quietud
del invierno,
suspendido,
gélido,
eterno.
Los árboles aguardaban
la pequeña claridad
que asomaba.
Y allí,
tímidamente,
el sol entre los edificios,
las iglesias
y sus cúpulas doradas.
Aún aturdía el silencio,
el frío,
la ausencia
y el vacío al alba.
Los faroles iluminaban
la oscuridad nevada
de las calles,
de las plazas,
sus monumentos,
sus bancos.
La blanca quietud
del invierno,
suspendido,
gélido,
eterno.
Los árboles aguardaban
la pequeña claridad
que asomaba.
Y allí,
tímidamente,
el sol entre los edificios,
las iglesias
y sus cúpulas doradas.
Aún aturdía el silencio,
el frío,
la ausencia
y el vacío al alba.