BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se sabe simplemente
que la yerba crecerá
justo a los pies de la retama,
mientras el invierno florece
lejos de las guaridas de los sapos.
Y más todavía, de los tristes sombreros
que una cabeza se puso algún día
junto al manantial de torpeza y llanto
que corroe todos los afluentes.
El río lleva sangre de todos los lavados,
y en los hospitales, y en las azucenas,
crece la hierba que nunca verán tus ojos.
Se sabe del minuto y del reloj cincelado,
de las abejas millonarias, y del elefante disecado.
Mas se opera a distancia, de los labios sumergidos,
en vinagres y costados, de esencias primitivas.
©
que la yerba crecerá
justo a los pies de la retama,
mientras el invierno florece
lejos de las guaridas de los sapos.
Y más todavía, de los tristes sombreros
que una cabeza se puso algún día
junto al manantial de torpeza y llanto
que corroe todos los afluentes.
El río lleva sangre de todos los lavados,
y en los hospitales, y en las azucenas,
crece la hierba que nunca verán tus ojos.
Se sabe del minuto y del reloj cincelado,
de las abejas millonarias, y del elefante disecado.
Mas se opera a distancia, de los labios sumergidos,
en vinagres y costados, de esencias primitivas.
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