Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Interiorismo
Se subyugaba la tragedia a los destinos del tiempo omiso,
nada quedaba en la laguna bajo las aguas del compromiso,
y el campo nos bateaba con los arrobes del monte liso;
desprendido de sus corrales el capataz fue hombre aviso,
de una noche de luna robada por el ladrón que es lobo siso.
Y es esta historia de madrugada tremolar pesquiso,
que en los bailes nadie danzaba sin el poder permiso;
y osó la osa bailar la pieza sin el oso en compás preciso
y hubo una desbandada cuando el cuartel, su jefe miso,
por odio hacia la entrada del general capaz inciso,
predijo una gran batalla hacia el final del acto iriso
donde fueron todas las cabras buscando el pasto enciso.
Me queda la duda y nada de que aquí indeciso
no estaba la burra burra, con la burrera quiso,
marcharse para granada buscando al moro viso;
no fue nada del oro, la torre estaba en piso,
y la alhambra se nos quedaba de manantial proviso.
Ya se acaba la palabrada por paladar remiso,
a no dejar alguna guarrada, que guadarramas pliso,
y no quiero seguir la gualda, con el azul reviso,
que el moro estaba morando cuando marchó conciso
al tanto de la llegada del labrador diviso.
Se subyugaba la tragedia a los destinos del tiempo omiso,
nada quedaba en la laguna bajo las aguas del compromiso,
y el campo nos bateaba con los arrobes del monte liso;
desprendido de sus corrales el capataz fue hombre aviso,
de una noche de luna robada por el ladrón que es lobo siso.
Y es esta historia de madrugada tremolar pesquiso,
que en los bailes nadie danzaba sin el poder permiso;
y osó la osa bailar la pieza sin el oso en compás preciso
y hubo una desbandada cuando el cuartel, su jefe miso,
por odio hacia la entrada del general capaz inciso,
predijo una gran batalla hacia el final del acto iriso
donde fueron todas las cabras buscando el pasto enciso.
Me queda la duda y nada de que aquí indeciso
no estaba la burra burra, con la burrera quiso,
marcharse para granada buscando al moro viso;
no fue nada del oro, la torre estaba en piso,
y la alhambra se nos quedaba de manantial proviso.
Ya se acaba la palabrada por paladar remiso,
a no dejar alguna guarrada, que guadarramas pliso,
y no quiero seguir la gualda, con el azul reviso,
que el moro estaba morando cuando marchó conciso
al tanto de la llegada del labrador diviso.
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