IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Nacer,
sin posibilidad de omitirnos,
ni detener a este mundo sedado,
placer inmediato,
en una cuna de oro,
la fortuna, ingenua, no sabe,
que la realidad nos ensombrecerá,
les cosen alas de madera,
a nosotros, seres sin ansias de volar,
peso muerto, sin ansias de caer,
pero igual nos empujan,
afirmando que somos valiosos,
nunca una verdad fue más miserable,
suerte al encontrarnos con sentido,
en un camino que nos olvida,
no sin antes volverse imposible de transitar,
soportando noches sin sostén,
y días que simulan ser calderas purificadoras,
crepitamos,
junto a la compañía de nuestro tiempo,
agotado,
con una soledad que no se demuestra,
pero que con tristeza ajena se vislumbra,
abrimos nuestras alas,
y abrazamos la miseria,
juntamos nuestro dolor,
para regalarlo a un porvenir nunca asegurado,
nos desvanecemos,
como intento y lamento,
diluyendo nuestra infelicidad,
en las fauces podridas
de una nueva enfermedad.
sin posibilidad de omitirnos,
ni detener a este mundo sedado,
placer inmediato,
en una cuna de oro,
la fortuna, ingenua, no sabe,
que la realidad nos ensombrecerá,
les cosen alas de madera,
a nosotros, seres sin ansias de volar,
peso muerto, sin ansias de caer,
pero igual nos empujan,
afirmando que somos valiosos,
nunca una verdad fue más miserable,
suerte al encontrarnos con sentido,
en un camino que nos olvida,
no sin antes volverse imposible de transitar,
soportando noches sin sostén,
y días que simulan ser calderas purificadoras,
crepitamos,
junto a la compañía de nuestro tiempo,
agotado,
con una soledad que no se demuestra,
pero que con tristeza ajena se vislumbra,
abrimos nuestras alas,
y abrazamos la miseria,
juntamos nuestro dolor,
para regalarlo a un porvenir nunca asegurado,
nos desvanecemos,
como intento y lamento,
diluyendo nuestra infelicidad,
en las fauces podridas
de una nueva enfermedad.
Última edición: