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Instantáneas breves

Teo Moran

Poeta fiel al portal
Rezan los invertebrados tallos del trigo
en el mar soliviantado y salvaje,
en la calígula de esparto y en el fardo
bajo la sombra rasgada del silente nogal.
Veo a los salmos uno tras otro sobre el río
y en su fondo hay un credo vivo y fugaz,
la imagen hermosa del amor y de la vida
de quien a muerto para nacer de nuevo.
Yo, despacio, en silencio te observo y miro,
veo los colores como promesas de amor,
la pureza que llena cada rincón del corazón,
a los pinos sonreír y dar cobijo al gorrión,
a los nidos de las golondrinas en el alero
y al corzo en mi presencia es un fugitivo
que corre dando saltos sobre el febril zarzal,
bien sé que eres tú, quien me ama y me espera,
que llamas dulcemente bosque adentro
a mi alma cansada para darla consuelo,
y yo, desnudo en el sendero que me lleva a ti
camino con la calígula de esparto veloz
a los brazos del verbo que se hizo carne
y se hizo verdad en las aguas del cauce.
Caminó descalzo en el ajuar de mis latidos
y en sus manos el llanto de mi pecho,
breves instantes que me llevó a descubrir
que un día fui niño y mañana todo termina
para nacer de nuevo en el campo de trigo
frente a una playa de encinas y de chopos.
 
Rezan los invertebrados tallos del trigo
en el mar soliviantado y salvaje,
en la calígula de esparto y en el fardo
bajo la sombra rasgada del silente nogal.
Veo a los salmos uno tras otro sobre el río
y en su fondo hay un credo vivo y fugaz,
la imagen hermosa del amor y de la vida
de quien a muerto para nacer de nuevo.
Yo, despacio, en silencio te observo y miro,
veo los colores como promesas de amor,
la pureza que llena cada rincón del corazón,
a los pinos sonreír y dar cobijo al gorrión,
a los nidos de las golondrinas en el alero
y al corzo en mi presencia es un fugitivo
que corre dando saltos sobre el febril zarzal,
bien sé que eres tú, quien me ama y me espera,
que llamas dulcemente bosque adentro
a mi alma cansada para darla consuelo,
y yo, desnudo en el sendero que me lleva a ti
camino con la calígula de esparto veloz
a los brazos del verbo que se hizo carne
y se hizo verdad en las aguas del cauce.
Caminó descalzo en el ajuar de mis latidos
y en sus manos el llanto de mi pecho,
breves instantes que me llevó a descubrir
que un día fui niño y mañana todo termina
para nacer de nuevo en el campo de trigo
frente a una playa de encinas y de chopos.
Unas líneas que invitan a la contemplación.

Saludos
 
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