jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
el tipo de al lado sube putas al cuarto
y en mi cuarto hay un ventanuco y el grifo del lavabo gotea
y la cañería detrás de las paredes hace extraños ruidos todo el tiempo;
la cama es un bastidor de madera con tablas y un jergón encima
y aparte de un desvencijado armario no hay otros muebles;
las paredes tienen un horrible color gris
y del techo cuelga un ventilador que no gira;
en lugar de puerta hay una cortina de cuentas
-como en uno de esos hoteles tailandeses de mala muerte-
así que cualquiera puede meter la cabeza y asomarse dentro
cosa que de hecho ocurre con frecuencia dado que las habitaciones
tampoco están numeradas y cuando uno recién llega
lo mandan a meterse en el primer cuarto vacío que encuentre;
cuando llegué hace ya algunas semanas
eché un vistazo a otros cuartos pensando
que quizás alguno tendría, si no un aspecto menos siniestro
por lo menos una cama aceptable -quizás otro tono de pintura en la pared-
sin embargo no era así, cada cuarto es una copia de los otros;
uno pensaría que después de haber tenido que pasar
por la jodida experiencia de vivir y toda la mierda que eso supuso
al llegar a este puto lugar las cosas serían mejores;
pero no, al parecer se trata de la misma cagada de siempre
¿qué les costaba construir para empezar
un hotel decente en lugar de esta porquería?
y no me refiero a uno de esos palacios super lujosos estilo las vegas
con alfombras persas y camas de agua y una putota de grandes tetas
que te jabonara la espalda y te llevara los tragos al jacuzzi
y te la chupara despacio mientras tú estuvieses viendo una porno y que más tarde
se echara al pie de la cama para aguardar recibir tus órdenes;
no, no me refiero a eso -pero igual no me habría quejado
de haberme encontrado con un escenario semejante-
me refiero a un puto cuarto común y corriente
con una cama, una mesa, un escritorio
una tele, una lamparita de lectura junto a la cama
un cuarto de baño, agua caliente, jabón, un par de toallas
minibar y puede que hasta servicio al cuarto
¿era demasiado pedir un mínimo estándar de comodidad?
mientras permanezco echado en la oscuridad
-fumando cansado y tristón después de haber completado
otra jornada no demasiado buena que digamos-
y me rasco las picaduras de las chinches y alimañas por el estilo
reflexiono acerca de la tergiversada naturaleza de las cosas
¿por qué no hacer del universo una especie de inmensa disneylandia
siendo que para ello no se necesitaría emplear a fin de cuentas
sino el mismo número de átomos que conforma el terrible
pesadillesco, absurdo gran revoltijo de galaxias
supernovas, espacio vacío -y ese puto insignificante planeta tierra
lleno de mierda y sufrimiento y dolor- en que consiste ahora?
¿por qué elegir de entre todos los mundos posibles
la creación de aquel donde los hombres resultan ser esas criaturas patéticas
tristes, caducas, que arrastran sus miserables vidas
a través de un corto periodo de tiempo caracterizado por la penuria
la enfermedad, el descontento, la conciencia de la propia finitud
para luego por lo visto no terminar reventando y hechos polvo
sino acabar como inquilinos en el jodido hotel muerte?
naturalmente y tanto como ocurría allá del otro lado
tampoco aquí sirve de nada preguntarse acerca de estas cosas;
y al final persiste incólume la sensación de ser sólo un simple títere
manipulado por incomprensibles designios incrustados
al fondo de una insondable inteligencia sobrenatural
-o quién sabe si allí detrás lo único que hay no sea
más que un hijo de puta resentido con los hombres y obcecado
en hacérselas pasar negras a estos pobres pendejos de cualquier forma-
la vida, la muerte, el fin último del ser
permanecen tan irresolubles como siempre;
te mueres y sigues sin tener ni puta idea de nada
y a tu alrededor te roban la atención mientras tanto
inútiles e intrascendentes cuestiones como por ejemplo
de dónde aparecen tantas putas cucarachas, y por qué razón
al abrir la llave del agua caliente sale un chorro de agua fría,
o de repente se va el agua y me quedo con el culo enjabonado
y qué coño les hace el cabrón de junto a esas putas
que las pone a gritar como locas y después ya no puedo
pegar ojo en toda la madrugada, y por qué después de morirme
-y en consecuencia haber podido tal vez pasar entonces
a desintegrarme tranquila y dulcemente en la nada-
no pude -ya que no ocurrió lo que era de esperar-
al menos hacer el intento de abandonar
mis inveteradas costumbres poéticas y dejarme de cosas
y ya no escribir más estos jodidos poemas, y qué oscura fuerza
me impide, oh, por qué no puedo simplemente
callarme de una puta vez para siempre