cipres1957
Poeta veterano en el portal
Hace dos semanas que te fuiste y me dejaste tirado en la cama, abandonado como al gato en el perchero.
-Que me harías el amor como nunca antes –remarcaste tu intención-
Abriste el maletín de cuero rojo, que traías cada vez que llegabas a casa pero del que nunca supe su contenido; hasta entonces.
Sacabas raros aparatos y los tirabas sobre la cama, mientras yo te observaba recostado a medio vestir apoyado sobre el respaldo entramado de madera de caoba lustrada y dorado a la hoja –me gustan esas imbecilidades-.
Te detuviste en un par de esposas que brillaban a la luz de la lámpara con forma de hombre araña, que colgaba del techo –otro gusto imbécil-.
Despacio, caminando como podías con tus tacos de aguja sobre la alfombra; te arrimaste seductora y dijiste con voz sensual:
- De esta noche no te olvidarás nunca…exprimiré tus jugos, despacito hasta que solamente quedes piel y hueso.
Finos hilos de baba comenzaron a escapar por el vértice de mis comisuras imaginando esos instantes preanunciados.
Con decisión extrema, tomaste uno a uno mis brazos, sujetando por cada muñeca con una esposa al respaldo entramado de madera de caoba lustrada y dorada a la hoja.
Sentí que la sangre se agolpaba con furia sobre el extremo más protuberante de mi libido: mi cabeza; que se confundía entre la realidad avasallante y febril con las escenas galopantes que sucederían en los próximos instantes.
Hace dos semanas que te fuiste; el mismo tiempo que no logro desprenderme de los aromas que emana mi cuerpo que se va degradando, deshidratando naturalmente, volviéndose piel y hueso sujeto aún con las esposas al respaldo entramado de madera de caoba lustrada y dorado a la hoja.
Amor, nunca hubiese imaginado que era tu hermana gemela la que siempre llegaba a casa con ese maletín de cuero rojo y del que nunca supe su contenido; hasta entonces.
-Que me harías el amor como nunca antes –remarcaste tu intención-
Abriste el maletín de cuero rojo, que traías cada vez que llegabas a casa pero del que nunca supe su contenido; hasta entonces.
Sacabas raros aparatos y los tirabas sobre la cama, mientras yo te observaba recostado a medio vestir apoyado sobre el respaldo entramado de madera de caoba lustrada y dorado a la hoja –me gustan esas imbecilidades-.
Te detuviste en un par de esposas que brillaban a la luz de la lámpara con forma de hombre araña, que colgaba del techo –otro gusto imbécil-.
Despacio, caminando como podías con tus tacos de aguja sobre la alfombra; te arrimaste seductora y dijiste con voz sensual:
- De esta noche no te olvidarás nunca…exprimiré tus jugos, despacito hasta que solamente quedes piel y hueso.
Finos hilos de baba comenzaron a escapar por el vértice de mis comisuras imaginando esos instantes preanunciados.
Con decisión extrema, tomaste uno a uno mis brazos, sujetando por cada muñeca con una esposa al respaldo entramado de madera de caoba lustrada y dorada a la hoja.
Sentí que la sangre se agolpaba con furia sobre el extremo más protuberante de mi libido: mi cabeza; que se confundía entre la realidad avasallante y febril con las escenas galopantes que sucederían en los próximos instantes.
Hace dos semanas que te fuiste; el mismo tiempo que no logro desprenderme de los aromas que emana mi cuerpo que se va degradando, deshidratando naturalmente, volviéndose piel y hueso sujeto aún con las esposas al respaldo entramado de madera de caoba lustrada y dorado a la hoja.
Amor, nunca hubiese imaginado que era tu hermana gemela la que siempre llegaba a casa con ese maletín de cuero rojo y del que nunca supe su contenido; hasta entonces.
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