IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Dios naciente,
de un absurdo sin dueño,
mas que el tiempo, solo él,
que se engendró a si mismo,
aquel ente se prepara, decidido,
a vivir por vez primera,
su último suspiro coloso,
explota en luz y materia,
desencadenando un gran latido,
entre un geométrico caos
que tiende a reordenarse,
las leyes viven,
así como los astros se distancian,
así como el cosmos se enfría,
en una soledad que al principio era deseo,
creación desparramada,
para que la calma disuelva,
a toda aquella, desafortunada excepción,
y si toda consciencia individual
es colectiva unión,
y si toda unión
es única voluntad,
seremos lo que aquel principio
ya hubo de asimilar,
el único milagro,
es aquel, maldito,
del que nuestro todo sintiente,
hubo en un comienzo, de materializarse,
y toda tragedia,
es lo que la vida confirma:
todo final,
compone tristezas
destinadas a enmudecer,
y de entre sus certezas,
nacen los ecos de su dolor,
somos impotencia enraizada,
que se quiebra
al intentar transitar
su infranqueable adversidad.
de un absurdo sin dueño,
mas que el tiempo, solo él,
que se engendró a si mismo,
aquel ente se prepara, decidido,
a vivir por vez primera,
su último suspiro coloso,
explota en luz y materia,
desencadenando un gran latido,
entre un geométrico caos
que tiende a reordenarse,
las leyes viven,
así como los astros se distancian,
así como el cosmos se enfría,
en una soledad que al principio era deseo,
creación desparramada,
para que la calma disuelva,
a toda aquella, desafortunada excepción,
y si toda consciencia individual
es colectiva unión,
y si toda unión
es única voluntad,
seremos lo que aquel principio
ya hubo de asimilar,
el único milagro,
es aquel, maldito,
del que nuestro todo sintiente,
hubo en un comienzo, de materializarse,
y toda tragedia,
es lo que la vida confirma:
todo final,
compone tristezas
destinadas a enmudecer,
y de entre sus certezas,
nacen los ecos de su dolor,
somos impotencia enraizada,
que se quiebra
al intentar transitar
su infranqueable adversidad.