Kein Williams
Poeta fiel al portal
YO AMO mucho esta soledad inverosímil,
esta apacible melancolía de los campos,
estos árboles coronados de nidos y de trinos, estos caminos
abandonados que no nos llevan a ninguna parte.
Yo amo mucho a las gentes ingenuas y sencillas
A eso humildes moradores de aldeas, con sus manzanas grandes y soleadas,
con sus manzanas grandes y soleadas, con sus lerdas carretas llenas de paz,
de mieses y de vientos.
Yo estoy enamorado de estos claros paisajes de mi pueblo,
tan cordiales, tan mansos , tan íntimos tan diáfanos.
Yo amo mucho estos amaneceres estupendos y frescos,
húmedos de rocío , con el clarín del gallo
-suspendido en el alba-
tocando a despertar a los labriegos…
Como me gustan sus caserones poblados de leyendas,
ruinosos y vetustos, donde suelen decir cuentos de brujas
las dulces, las joviales, las modestísimas abuelas.
Yo estoy enamorado de estas campanas austeras y sonoras,
donde las golondrinas se hacen el amor y el viento gime
presagiando el color de las tormentas.
Cómo me gustan estos pequeños ríos de mi pueblo,
retorcidos como raíces, nostálgicos de mar, con sus
barrancos llenos de plantas trepadoras y de musgos,
con su greda multicolor y sus claros ojos de agua
cayendo mansamente de las orillas.
Allí están las alegres, las guapas, las picarescas lavanderas,
con sus manos morenas tendiendo al horizonte ropa limpia y blanca
que huele a flor silvestre a grama y a bajío.
Y más allá la pampa inacabable, la pampa inmensa, la pampa desesperante,
donde un toro brama su soledad en al augusto silencio de la tarde.
Yo amo esta paz infinita de los campos.
esta apacible melancolía de los campos,
estos árboles coronados de nidos y de trinos, estos caminos
abandonados que no nos llevan a ninguna parte.
Yo amo mucho a las gentes ingenuas y sencillas
A eso humildes moradores de aldeas, con sus manzanas grandes y soleadas,
con sus manzanas grandes y soleadas, con sus lerdas carretas llenas de paz,
de mieses y de vientos.
Yo estoy enamorado de estos claros paisajes de mi pueblo,
tan cordiales, tan mansos , tan íntimos tan diáfanos.
Yo amo mucho estos amaneceres estupendos y frescos,
húmedos de rocío , con el clarín del gallo
-suspendido en el alba-
tocando a despertar a los labriegos…
Como me gustan sus caserones poblados de leyendas,
ruinosos y vetustos, donde suelen decir cuentos de brujas
las dulces, las joviales, las modestísimas abuelas.
Yo estoy enamorado de estas campanas austeras y sonoras,
donde las golondrinas se hacen el amor y el viento gime
presagiando el color de las tormentas.
Cómo me gustan estos pequeños ríos de mi pueblo,
retorcidos como raíces, nostálgicos de mar, con sus
barrancos llenos de plantas trepadoras y de musgos,
con su greda multicolor y sus claros ojos de agua
cayendo mansamente de las orillas.
Allí están las alegres, las guapas, las picarescas lavanderas,
con sus manos morenas tendiendo al horizonte ropa limpia y blanca
que huele a flor silvestre a grama y a bajío.
Y más allá la pampa inacabable, la pampa inmensa, la pampa desesperante,
donde un toro brama su soledad en al augusto silencio de la tarde.
Yo amo esta paz infinita de los campos.