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Indefensión

Víctor Mileo

Poeta adicto al portal
Nunca despertaste del fino hilo
que atravesaba tus enfangadas venas.
Fueron tirantes que sujetaban
los pantalones plomados de un estribillo que desafinaba.
Donde la gota se desliza por el plata
como enjambre de miedos, llenando
las cópulas doradas en festines del corazón, abrigos, sus múltiples racimos de aceradas uvas con brillo.
Tenencia de un fervor a pañales
limpios.
Sabor del mono que se arrastra
desnudando la ira en los túneles.
que se ingieren como gotitas de perfume dañado.Son
una fragancia en la Antártida.
Pellizcada por el sol taciturno que inventa allí en el pozo delator
una montaña de rendición.
Peludo dolor de sangre y cueva.
El cóndor pasa firme en la huella del cielo como un centinela que guarda
su indefensión.


Reservados todos los derechos©
 
Última edición:
Nunca despertaste del fino hilo
que atravesaba tus enfangadas venas.
Fueron tirantes que sujetaban
los pantalones plomados de un estribillo que desafinaba.
Donde la gota se desliza por el plata
como enjambre de miedos, llenando
las cópulas doradas en festines del corazón, abrigos, sus múltiples racimos de aceradas uvas con brillo.
Tenencia de un fervor a pañales
limpios.
Sabor del mono que se arrastra
desnudando la ira en los túneles.
que se ingieren como gotitas de perfume dañado.Son
una fragancia en la Antártida.
Pellizcada por el sol taciturno que inventa allí en el pozo delator
una montaña de rendición.
Peludo dolor de sangre y cueva.
El cóndor pasa firme en la huella del cielo como un centinela que guarda
su indefensión.


Reservados todos los derechos©
 
Nunca despertaste del fino hilo
que atravesaba tus enfangadas venas.
Fueron tirantes que sujetaban
los pantalones plomados de un estribillo que desafinaba.
Donde la gota se desliza por el plata
como enjambre de miedos, llenando
las cópulas doradas en festines del corazón, abrigos, sus múltiples racimos de aceradas uvas con brillo.
Tenencia de un fervor a pañales
limpios.
Sabor del mono que se arrastra
desnudando la ira en los túneles.
que se ingieren como gotitas de perfume dañado.Son
una fragancia en la Antártida.
Pellizcada por el sol taciturno que inventa allí en el pozo delator
una montaña de rendición.
Peludo dolor de sangre y cueva.
El cóndor pasa firme en la huella del cielo como un centinela que guarda
su indefensión.

En todos esos solos dejar que el dolor sea la huella que nos asiste en
ese arrastre ddonde la formalidad se desnuda en vida. me ha gustado.
saludos de luzyabsenta
 
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