danie
solo un pensamiento...
Se hallaba mi retoño de vida en un estéril albedrío,
en las mentes y sus galimatías de un desierto sombrío,
en la biblioteca de eruditos y complejos axiomas
que no pasan más del límite de los mitos.
Reposando mi respiro en el polvo de catedrales vacías,
de santuarios abnegados a las plegarias peregrinas,
de sucesos y hados que solo marcan un celaje de ceniza,
un esbozo innegable de la memoria arrepentida.
Así, se hallaba mi semilla, plantada en la nada,
en las insidiosas y amorfas ruinas de un linaje corroído
y su ajada honradez que claudica ante la gnosis
de ídolos y potestades de un imperio abatido.
Esa semilla se volvió un brote y luego creció un árbol,
alto como el ébano y con sueños mártires de un pasado.
Un ébano que se aminora ante los cielos monumentales
y se vuelve rígido como el mármol por los pregoneros tenaces.
Así, se forja la frondosa existencia
sobre las modorras nebulares de un limbo
y en los sudarios de los noctívagos anhelos efímeros.
Siempre con el dictamen de un concepto perdido,
un estado de letargo para la mente de esos porfiados
y atávicos doctos del complejo divino.
Siempre pensando y meditando para llegar al auge
de esa clarividencia esfumada en las cúspides borrascosas
del eufemismo y su cultura sin precedencia
ante los oídos hipócritas de esas palabras conscriptas.
en las mentes y sus galimatías de un desierto sombrío,
en la biblioteca de eruditos y complejos axiomas
que no pasan más del límite de los mitos.
Reposando mi respiro en el polvo de catedrales vacías,
de santuarios abnegados a las plegarias peregrinas,
de sucesos y hados que solo marcan un celaje de ceniza,
un esbozo innegable de la memoria arrepentida.
Así, se hallaba mi semilla, plantada en la nada,
en las insidiosas y amorfas ruinas de un linaje corroído
y su ajada honradez que claudica ante la gnosis
de ídolos y potestades de un imperio abatido.
Esa semilla se volvió un brote y luego creció un árbol,
alto como el ébano y con sueños mártires de un pasado.
Un ébano que se aminora ante los cielos monumentales
y se vuelve rígido como el mármol por los pregoneros tenaces.
Así, se forja la frondosa existencia
sobre las modorras nebulares de un limbo
y en los sudarios de los noctívagos anhelos efímeros.
Siempre con el dictamen de un concepto perdido,
un estado de letargo para la mente de esos porfiados
y atávicos doctos del complejo divino.
Siempre pensando y meditando para llegar al auge
de esa clarividencia esfumada en las cúspides borrascosas
del eufemismo y su cultura sin precedencia
ante los oídos hipócritas de esas palabras conscriptas.
Siempre con un ciclo In Albis
frente a lo nuevo y desconocido